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Homenaje a las seis personas asesinadas por fascistas en Ricla durante la Guerra Civil

El pasado sábado, 16 de diciembre, pudieron celebrarse al fin el homenaje y funeral de las seis personas -cuatro hombres y dos mujeres- asesinadas en Ricla (Val de Xalón) por fascistas el 13 de agosto de 1936.
| 20 diciembre, 2017 07.12

Hace 7 años que los familiares iniciaron la ardua labor de recuperación de esos cuerpos, en la que contaron con la imprescindible colaboración de la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO), y la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo.

El acto, tan emotivo como sencillo, comenzó congregando a casi un centenar de personas en el Hogar del jubilado de Ricla, donde pudo estar presente Máxima, de 93 años, que se quedó hace 81 sin su madre Petra, su tía Lorenza, su hermano Narciso y su primo Antonio. Tuvieron la palabra sus familiares, como Alejandro, Delphine –bisnieta de Petra Lozano Forcén-, los tíos de ésta, residentes en Francia por exilio de sus predecesores, así como los de Lorenza Morlanes Serrano.

La familia de Tomás Sanz Lorente, otra de las víctimas, estuvo también presente. Antonio, conocido voluntario en las exhumaciones aragonesas, leyó emocionado un texto por voz del único individuo de la fosa del que se desconoce la identidad. Se encontraban acompañándoles otras víctimas y resistentes de la violencia fascista, como Mariano Malón, sobrino de Lourdes y Rosario, y nieto de Francisca, tres de las vecinas de Uncastillo (Cinco Villas) asesinadas durante la Guerra Civil; Pilar, de Viliella de Xiloca (Comunidat de Calatayud), o Belén y Ángel, que tienen familiares en las fosas comunes de Pomer (Aranda). Esos lazos tejidos entre personas que no se conocen pero han sentido lo mismo durante tantos años, sólo pueden verse en estas situaciones.

Las cajas que albergaban los restos de estas seis personas fueron depositadas en el escenario bajo ramos de flores, para ser testigos de las palabras de sus familiares. La sobrina nieta de Máxima, Tamara, tocó varias canciones al violín para acompañar la ceremonia, que terminó con la Internacional a las cuerdas.

Tras el acto central, los restos de los cuatro individuos masculinos fueron depositados en el cementerio de Ricla. La comitiva se dirigió después a Morés para continuar con el funeral de Petra y Lorenza. La primera fue depositada junto a su madre, con una placa acompañada de las palabras de Marcos Ana: “Mi casa y mi corazón, nunca cerradas: que pasen los pájaros, los amigos, el sol y el aire.” Los nietos de Lorenza recordaban que ella nunca quiso estar “en tierra”; en vida comentó que le inquietaba la idea. Tras 81 años, no lo estará más: descansará junto a su esposo en un nicho elevado.

Familiares de las víctimas trasladan los restos al cementerio de Ricla |Foto: Pablo Ibáñez

Familiares de las víctimas trasladan los restos al cementerio de Ricla |Foto: Pablo Ibáñez

No había contra quién luchar, sino a quién masacrar

Las seis personas asesinadas y arrojadas a una fosa común en el cementerio municipal de Ricla eran vecinas de la cercana localidad Morés (Comunidat de Calatayud). La comarca de Calatayud no fue excepción en lo que a alianzas reaccionarias se refiere: militares, guardias civiles, falangistas y civiles derechistas integraron la maquinaria sublevada.

El 25 de julio de 1936 la Guardia Civil del puesto de Sabinyán, encabezada por Juan Martínez Valtueña, entraba en Morés apoyada por falangistas de La Almunia de Donya Godina. Pronto hicieron desaparecer a muchos y muchas de sus habitantes, entre los que se encontraban Narciso Crespo Lozano -su hermano Julián era conocido por su férrea militancia socialista- y Antonio Lozano Morlanes, primos asesinados juntos en Calatayud el 10 de agosto. La vinculación de las familias con el socialismo sería su sentencia de muerte.

Durante tres días las madres de ambos denunciaron la desaparición de sus hijos, hasta que el 13 de agosto fueron detenidas y conducidas a Ricla para ser asesinadas. Se trataba de Petra Lozano Forcén, de cuarenta y ocho años, y su cuñada Lorenza Morlanes Serrano, de cuarenta y tres, ambas naturales de Morés. Máxima, hija de Petra, recordaba entre lágrimas en el funeral la bondad de su madre, a la que perdió con tan sólo 11 años y la juventud de su hermano Narciso, que con 19 años fue también arrancado de su lado.

Inhumación en Ricla de cuatro de las seis personas asesinadas

Al terminar el homenaje, Máxima dijo estar al fin tranquila y feliz, tras rememorar cómo cada año acudía junto a su prima en tren para visitar la fosa en la que estaban sus madres. Tras el estudio antropológico- forense y arqueológico, no fue posible obtener el ADN de Petra, si bien se pudo determinar por estos trabajos quién era cada una de las mujeres. El acto celebrado el sábado 16 de diciembre ha sido el punto de llegada de un largo trabajo de investigación y documentación mediante diversas fuentes entre las que ha resultado crucial el testimonio de Máxima Crespo Lozano. Su supervivencia e interés han salvado de la eternidad de la fosa no sólo a su madre y su tía, sino a otras cuatro personas más.

Quienes han estado con ellas ochenta años residían también en Morés, donde trabajaban como ferroviarios, pero sus lugares de origen eran otros. Zacarías Arranz Pascual, era natural de Morón de Almazán (Soria).  Nacido el 15 de marzo de 1909, se casó con Isabel Espejo la Serna, con quien tuvo dos hijos: Dolores y José. Por desgracia estos son los únicos datos conocidos, ya que no ha sido posible contactar con sus familiares. Rogamos a quien pueda tener alguna información sobre él o sus allegados que contacte con Miguel Ángel Capapé (669 37 99 54 / decasetas@gmail.com), presidente de ARICO.

Tomás Sanz Lorente era originario de Fuente la Higuera (València). Su nieta Elvira recordaba durante el homenaje que todavía hoy guardan valiosos libros de su abuelo, como El origen de las especies, de Darwin, o tomos de enciclopedia. Lamentablemente, tampoco pudo ser obtenido su ADN, si bien la labor del equipo antropológico forense y arqueológico permitió conocer su identidad.

Otra de las víctimas era Sebastián Rueda Camacho, natural de Jaén. El equipo técnico localizó a su hija, todavía viva. No quiso participar en la recuperación de sus restos, por motivos que se desconocen y que no entraremos a valorar, lo cual dificultó las tareas de identificación al no contar con su ADN, si bien es cierto que no se opuso a la exhumación del resto de cuerpos.

De la sexta víctima no se ha podido identificar ningún dato personal. Según testimonios de algunas personas que se acercaron a la exhumación, el mismo día que estas cinco personas fue asesinado un hombre sin hogar. Y es que aunque en un primer momento el equipo esperaba encontrar los restos de cinco personas, se barajaba la posibilidad de que hubiera una más, ya que el 14 de agosto se anotaron como “desconocidos” en el Registro Civil de Ricla seis “defunciones”: dos mujeres y cuatro varones.

Familiares de Lorenza Morlanes Serrano depositan sus restos en el cementerio de Morés

Familiares de Lorenza Morlanes Serrano depositan sus restos en el cementerio de Morés

La eterna anulación de la Memoria Histórica: la financiación

Culminar así los trabajos de exhumación no ha sido fácil. Antes de acometer la intervención, desde ARICO ya afirmaban: “la falta de ayudas públicas desde el año 2012 a la recuperación de la Memoria Histórica, por parte de las instituciones, nos había impedido actuar hasta el momento sobre esta fosa común”. Finalmente fue una subvención de la Diputación de Zaragoza y sus comarcas, así como la labor de los voluntarios, lo que permitió asumir la tarea.

Tanto esta exhumación como trabajos posteriores tuvieron que fijarse en el calendario de forma acelerada puesto que los permisos imprescindibles para llevarlas a término finalizaban el 1 de diciembre de 2016, pero la financiación para realizarlas no había sido recibida cuando se realizaron las intervenciones.

Esta contradicción y falta de coordinación de la Administración dificultó la labor del equipo arqueológico, que a pesar de ello trabajó de forma ejemplar, pese al frío y la intensa lluvia que les acompañaron. De hecho, no sólo no se hizo efectivo a tiempo el ingreso de la subvención, sino que dos días después de haber finalizado la intervención el equipo no había recibido todavía oficialmente la notificación de si les concedían o no esa financiación, ni su cuantía.

De poco sirve que una ley permanezca vigente, si de facto se anula no destinándole presupuesto. La avanzada edad de los descendientes directos obliga a la inmediatez de intervenir. Sin voluntad política, poco quedará por hacer por mucho que de iure se reconozca el derecho de tantas hijas e hijos a honrar y recuperar a sus padres y madres.

Máxima de 93 años entierra a su madre 81 años después de que fuera asesinada |Foto: Pablo Ibáñez

Máxima de 93 años entierra a su madre 81 años después de que fuera asesinada |Foto: Pablo Ibáñez

El último escándalo en este sentido ha sido el abandono del Gobierno de Lambán a las víctimas del franquismo en Pomer

Allí han sido las familias quienes no han soportado que tras 81 años esperando, un gobierno las pisoteara un sólo día más logrando entre distintas organizaciones, particulares y ellas mismas reunir lo suficiente como para que los restos de las diez personas encontradas sean extraídos y analizados. Los compromisos incumplidos por el Gobierno de Aragón con las Asociaciones Memorialistas, que superan la docena, fueron denunciados por éstas puesto que al “no respetarse los plazos de justificación, ni el de ejecución necesarios para llevar a cabo los trabajos con el rigor científico que se precisa”, los conducen a “la asfixia y paralización”.

20 diciembre, 2017

Autor/Autora

Colaboradora de AraInfo (@Cristirititi)


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