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Helena Maleno: “Los seres humanos son productos de consumo en una Europa en crisis”

Las políticas de control de fronteras llevadas a cabo por el Estado español, con la complicidad de Marruecos, en estas zonas han servido a Europa como laboratorio de pruebas para alzar su fortaleza. En una visita a la Frontera Sur hablamos con Helena Maleno, investigadora especialista en migraciones y trata de seres humanos.
| 27 diciembre, 2016 07.12
Helena Maleno: “Los seres humanos son productos de consumo en una Europa en crisis”
Helena Maleno, miembro de Caminando Fronteras. Foto de Ernesto G. Maleno.

Hace años que Ceuta y Melilla son puerta de entrada a Europa en el continente africano. Las políticas de control de fronteras llevadas a cabo por el Estado español, con la complicidad de Marruecos, en estas zonas han servido a Europa como laboratorio de pruebas para alzar su fortaleza. En una visita a la Frontera Sur hablamos con Helena Maleno, investigadora especialista en migraciones y trata de seres humanos.

En los últimos años hemos visto como ha crecido el número de fronteras en Europa. El Estado español hace años que está actuando en la Frontera Sur. ¿Qué está pasando allí?

Los gobiernos europeos ven en las fronteras y en los procesos migratorios un problema. Para ellos, ya mas que un problema son un conflicto, una situación de guerra, una situación de enfrentamiento. En estos parámetros, el control migratorio se puede subcontratar a terceros países. Esa idea aparece hace más de una década cuando países europeos encuentran a socios en los países del norte de África: Italia con Gadafi, Francia con Argelia y el Estado español con Marruecos. El año 1992 España firmó el Tratado de Buena Vecindad con Marruecos con una cláusula que dice que se pueden devolver a personas de terceras nacionalidades que han llegado procedentes de Marruecos. De cómo esto se aplica o de cómo se compensa con otros derechos fundamentales de los migrantes no se habla. De esta forma empezó a aplicarse, en Ceuta y en Melilla, la política de lo que ahora llamamos ‘devoluciones en caliente’; un  ‘pushback’ dentro de la frontera. Durante muchos años esta política que, a su vez estaba armando a Marruecos, fue invisible. Para nosotras era casi imposible grabar las devoluciones en caliente. En 2014, con el caso de Tarajal, se cambia de estratégica política y se empieza a mostrar que la Frontera Sur es una zona de conflicto. Se empieza a dar permisos de grabación en la valla y se empieza a documentar lo que allí sucede. El gobierno pretende demostrar que es una zona de conflicto y, como tal, hay que reaccionar aunque eso signifique olvidarse de los parámetros de derechos fundamentales. El Ministerio de Interior actuó de una forma muy inteligente. Las activistas de derechos humanos creímos que, al poder grabar, podríamos denunciar. Al final, las denuncias no han llegado a nada. Al contrario, se ha legalizado todo lo que siempre fue invisible, con el consentimiento de la ciudadanía a quien le caló ese mensaje. Ahora nos encontramos en un momento muy delicado en el que algo -a todas luces ilegal e injusto- se convierte en legal a través de la Ley Mordaza.

En esa línea, el 18 de marzo de este año la Unión Europea y Turquía firmaron un acuerdo para frenar el flujo de personas refugiadas a Europa.

La firma de este acuerdo nos sorprendió ya que se describe a Turquía como a un país seguro, cuando estamos viendo lo que está sucediendo allí. Es un acuerdo en el que se muestra que, todos a una en la UE, están por el cierre de fronteras, por la política de externalización y por la política de los muros y las vallas. Debemos entender que los conflictos generan dinero. Así, en una Europa en crisis, la frontera genera mucho dinero. No sólo para las administraciones públicas y las empresas, que se están encargando de sostener todo este material bélico –entendido en ese concepto de conflicto- sino que, también, a través de todas las redes de negocio que se generan en estas fronteras; sobretodo con las redes de trata de seres humanos. Así que estas redes están abasteciendo de mercancía a una Europa en crisis; que entiende a los seres humanos como a mercancía, que ya son ‘productos de consumo’.

Los seres humanos como mercancía… ¿Quién los ‘consume’ y cómo son ‘consumidos’?

En la frontera de Macedonia con Grecia tenemos a mafias albanokosovares que se están encargando del tráfico de órganos que van al mercado europeo. En Libia, si no puedes pagar el billete, te secuestran y te venden a las mafias israelíes. Esas te sacan los órganos, mientras estas vivo, para ser vendidos en el mercado israelí de trafico de órganos. Esa es una realidad de cada día. Desde aquí, por ejemplo, hemos peleado mucho por la inscripción de los bebes en el registro civil; para que existieran. Desaparecían muchos bebés secuestrados en las zonas de frontera, en las deportaciones, en los desplazamientos forzados… Supimos que estos bebes iban, también, a ese trafico de órganos de redes en Argelia. Eso sí, estamos hablando de trafico de órganos, que es lo mas horroroso y que parece que no sucede o que no nos podría suceder en nuestro estado, o en un territorio ocupado por Israel o en un territorio como la UE, con los filtros democráticos que hay… Hay, también, otro negocio: la trata de seres humanos y el mercado sexual que se está dando con mujeres y, cada vez más, con la infancia migrante, en movimiento, para asumir todo este mercado sexual. A todo esto se le debe sumar el correo de la droga y la trata con fines de explotación laboral. Conclusión, estamos construyendo una Europa de las mercancías donde tenemos a las poblaciones más empobrecidas que podemos vender, comprar o sacrificar. Entonces, nos encontramos con un compendio de políticas de externalización donde hay un enfoque de conflicto y donde se puede subcontratar a mercenarios para violar derechos fundamentales o donde, directamente, los estados pueden violar los derechos fundamentales de las personas.

En nuestro trayecto a la frontera sur, hemos estado en varios asentamientos. En uno de ellos, unas 200 personas esperaban el aviso para dirigirse a la lancha que les llevaría al Estado español. Allí había unas 60 mujeres y una decena de infantes. Nos comentaron que la mayor parte de esas mujeres ejercían la prostitución.

Las mujeres y la infancia migrante necesitan cada vez mas de las redes porqué las estrategias de auto organización para pasar la frontera cada vez son mas complicadas. Eso favorece que, si no son ‘cazadas’ en el país de origen, sí lo sean en el tránsito para poder cruzar la frontera. Depende de cómo sea la red, las mujeres no serán víctimas de explotación en el tránsito migratorio porqué se les consideran mercancías a proteger; o pueden ser explotadas incluso en los asentamientos de los bosques de Marruecos –suelen ser mujeres camerunesas, senegalesas y costamarfileñas- bailando desnudas o haciendo servicios sexuales para los hombres del monte y, también, para marroquíes. En relación al Estado español, debemos tener en cuenta que la red no existe si no hay un consumidor. El estado tiene una responsabilidad pero una red de trata se mueve por un negocio. O sea, si no hubiese demanda, no habría trata. ¿Por qué están viniendo tantas niñas? Porqué el mercado sexual del Estado español esta pidiendo niñas. Por eso vienen. Una red no se gasta un dinero con una niña si luego ese dinero no le es retornado con creces.

¿Qué protección se les ofrece a esas mujeres en tránsito?

Aquí todavía no existe el delito de trata de personas en el código penal. En Marruecos no hay organizaciones que la estén detectando salvo la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), que es quien detecta, también, para la ACNUR cuando esa organización tiene alguna sospecha que alguna persona refugiada puede ser victima de la trata. En todo caso, la detección no tiene garantías ni hay procesos de trabajo con un enfoque de derechos humanos. Evidentemente, muchas de las chavalas se buscan la vida por si solas o esperan y se empoderan -haciendo un trabajo a largo plazo- para denunciar cuando estén en situaciones con mayor garantía de derechos fundamentales. En Marruecos no existe esta garantía y que una mujer denuncie es una verdadera locura porque no hay ningún sitio donde las mujeres puedan ir a refugiarse, a recuperarse y a reintegrarse. En el Estado español, las garantías que ofrecemos tampoco son buenas e incluso algunas niñas desaparecen de los centros de menores al ser encontradas por las redes. Es un tema muy delicado porque un paso mal dado puede significar el asesinato de una mujer. Y tu no puedes llegar a hacer absolutamente nada; sobretodo en países como este. Son las mujeres, al fin, quienes saben cual es el poder de esas redes de trata y quienes saben el nivel de seguridad. Solamente se puede luchar contra las mafias y contra esas redes dándole a esta ciudadanía en movimiento derechos humanos. Necesitamos apostar por procesos sociales de cambio.

Sabemos que hay niñas migrantes pero no las encontramos en los Centros de Protección de Menores, dónde sí están los niños. ¿Dónde están esas niñas?

¿En Barcelona? En las ramblas, prostituyéndose. Allí están. Todas dicen que son mayores de edad para estar en las calles y para no estar en un sistema de protección porqué necesitan devolver la deuda [el coste de su viaje]. Hay fronteras que no queremos ver. El aeropuerto del Prat es una fronteras por donde están pasando muchas muchas mujeres como mercancía y es, también, una frontera invisible donde tu no sabes que está haciendo la policía con esas mujeres, si se les está respetando su derecho al asilo… Lo mismo pasa en Barajas y en tantos otros aeropuertos españoles. Dirijamos la mirada más al sur, por ejemplo. ¿Cuál es la responsabilidad de un estado cuando le llega una niña a Motril, que no tiene tetas y que dice que tiene 19 años? Según la legislación española, si aparenta ser menor de edad se debe hacer un estudio de la edad ósea. En el Estado español se dan las mismas lógicas y dinámicas que en el resto de Europa. En 2015, 5 mil mujeres adolescentes y niños nigerianos llegaron, desde Libia, a Italia. Todas las mujeres iban a ser explotadas sexualmente; muchas de ellas con edades de entre 10 y 12 años. Ahora las puedes ver en las calles de París, prostituyéndose, con demandas de asilo como mayores de edad y haciendo entre 10 y 15 servicios sexuales diarios. Este es el fenómeno que se está dando en toda Europa. La mujer es más fácilmente consumible pero hay, también, un mercado importante de niños varones. En ese caso, también, si son absorbidos por el mercado, no entraran en los sistemas de protección del menor.

Entonces, ¿se pueden desmantelar esas redes de trata?

Tengo claro que no se acaba con las redes de trata con un enfoque policial; se acaba con ellas a través de una implicación social. Cómo sociedad, ¿no estamos viendo a las chicas en las ramblas de Barcelona? No vemos a mujeres refugiadas. En Francia, desde marzo de 2015, esas mujeres están consideradas refugiadas -porqué son de una etnia, que viene de un determinado sitio, atravesada de forma endémica por la trata-. Ellas son las mismas que están en las ramblas de Cataluña; y aquí son putas y negras. Entonces, el estado tiene una responsabilidad evidente. Y se la tenemos que pedir. Pero, ¿y el que está consumiendo a estas niñas? 10 o 15 servicios sexuales diarios… ¿Perdón? La responsabilidad de tener mujeres refugiadas en unas ramblas es, también, de la sociedad. ¿Quién está hablando de eso? ¿Quién lo denuncia? Nadie. Desde la organización Caminando Fronteras tenemos la suerte de compartir mucho con esas mujeres. Trabajamos mucho en talleres sobre las violencias, el impacto en sus cuerpos, sus estrategias… Son personas muy machacadas pero con una capacidad de resiliencia impresionante. Ellas tienen sus propias estrategias. Cuando hablas con ellas te cuentan que violencia han decido escoger: la violencia institucional y la de nuestras sociedades de acogida –esa violencia terrible, callada y que no les deja acabar su proyecto migratorio- o la violencia de las redes que, al menos, les dan una esperanza para terminar con su proyecto migratorio. Entre esas dos violencias, ¿qué violencia eliges? Entonces yo creo que es un panorama desolador pero también es un panorama de una ciudadanía en movimiento que está gritando y pidiendo sus derechos.

¿Qué estrategias crees que debe de practicar la ciudadanía?

De entrada creo que hay que desobedecer ciertas leyes. Hay que desobedecer las leyes injustas que afectan a los manteros, que legalizan las devoluciones en caliente, que facilitan las redadas racistas, que mantienen los centros de internamiento (CIE)… Hay que hacer un proceso de desobediencia de leyes. Creo que es una buena estrategia, que no se va a ganar hoy pero se ganará mañana. Por otro lado, creo que debemos ser críticas con lo que estamos permitiendo a nuestros gobiernos. Fijaos en lo que pasa en el Egeo. Las oenegés, cuando están en el agua, deciden en un segundo quien vive y quien muere cuando no pueden rescatar a todos. Yo creo que no hay estándares de derechos humanos; no hay estado. Así que las oenegés y el voluntariado tienen que auto organizarse pero con un enfoque de derechos humanos y, por lo menos, haciendo responsables a los estados de lo que está sucediendo. Los estados van deslocalizando y subcontratando y nos parecen lógicas cosas que no deberían serlo. Me parece una burrada.

27 diciembre, 2016

Autor/Autora

Comunicadora y realizadora audiovisual [@araulaura | laura-arau.com]


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