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Gamonal: del general Yagüe a la mafia del ladrillo

Durante las décadas de los años 40 y 50, Burgos es una ciudad con escaso peso industrial, de carácter muy agrícola y con una fuerte herencia militar desde 1938, año en que Burgos es nombrada Capital de la Cruzada en plena Guerra Civil. Finalizada la contienda y trasladada la capitalidad a Madrid, en Burgos queda...
| 2 febrero, 2014 08.02

Durante las décadas de los años 40 y 50, Burgos es una ciudad con escaso peso industrial, de carácter muy agrícola y con una fuerte herencia militar desde 1938, año en que Burgos es nombrada Capital de la Cruzada en plena Guerra Civil. Finalizada la contienda y trasladada la capitalidad a Madrid, en Burgos queda aun una grandísima población reclusa de carácter político. Cientos de sus familias se desplazarán a Burgos desde muchos rincones del Estado español para estar cerca de sus familiares presos. Mujeres e hijas de los prisioneros trabajarán como criadas del hogar en casas de oficiales militares y en casas de los cuadros de mando políticos y económicos de la dictadura franquista. Son los años en que el general Yagüe ocupa la Capitanía General de Burgos (1943-1952). El tan extendido dicho de que Burgos era una ciudad de curas y militares es cierto sólo a medias, también lo era de familiares de presas y presos republicanos, de cientos de exiliados internos y de innumerables fosas comunes bajo nuestros pies.

¿Cómo diseñaron el espacio urbano en Burgos los vencedores? En el Plan de Urbanización de Burgos, redactado por Paz Maroto (1943), se refleja un diseño urbanístico donde la presencia militar juega un papel destacado en el trazado urbano. Se construirían nuevas instalaciones militares y siempre, cómo no, con la participación del Ayuntamiento de Burgos ya que muchos de esos edificios castrenses se levantaron sobre terreno municipal. Aquel plan de urbanización preveía una gran zona militar entre la ciudad y el término de Gamonal. El objetivo era ocupar, llenar el espacio existente entre los apenas tres kilómetros que separan el centro de la ciudad del pueblo de Gamonal. Cualquier persona nacida en los años cincuenta podrá recordar cómo la calle Vitoria se encontraba jalonada de edificios militares, algunos de ellos aun hoy en pie. Unos ya existían entonces, como los Cuarteles de Caballería o la Barriada Militar. Y otros de nueva planta como el Gobierno Militar, la Academia de Ingenieros, la Residencia de Oficiales, la Deportiva Militar, el acuartelamiento Dos de Mayo (frente a las piscinas descubiertas del Plantío) o los conocidos como Chalets de Aviación entre otros. Sí, Chalets para oficiales de aviación. Más allá de Gamonal aun se conservaba el aeródromo militar además del Parque de Intendencia.

Aquellos Chalets fueron quedando con el tiempo rodeados de edificios en el Barrio de Gamonal, absorbidos de la noche a la mañana por aquella vertiginosa transformación del pueblo de Gamonal en Barrio a partir del año 65. Sin duda aquellas dos expresiones arquitectónicas chocaban y eran resultado de dos concepciones bien distintas. Una, con fuerte huella militar, la del Plan redactado por Paz Maroto (1943), bajo la atenta mirada e influencia del Capitán General Yagüe. Y otra, que más tarde se implantaría en Gamonal a partir de la creación del Polo de Desarrollo Industrial en 1960, de marcado carácter especulativo forjado entorno al nuevo poder tecnocrático franquista.

La década de los 50, pues, supone un transito, un gozne, entre un modelo de planificación urbana aun dependiente de intereses militares y el nuevo capitalista especulativo nacido al calor del desarrollo industrial de los años 60, y que tendrá como paradigma el caos constructivo del Barrio de Gamonal.

Esta orgía del ladrillo tiene un punto de inflexión importante en 1992 cuando la Audiencia de Burgos sentenció que el constructor Mendez Pozo había recibido un ilegal trato de favor por parte del Ayuntamiento y condenó no sólo al constructor y al alcalde sino también a tres concejales. Hecho insólito en este Estado donde aun costaba someter la actuación de responsables públicos a controles jurídicos, máxime cuando éstos venían de las filas del Movimiento en los años 60 y 70.

El ejercito español mantenía hasta hace pocos años algo más de dos millones y medio de metros cuadrados de instalaciones, muchas de ellas a lo largo, como ya hemos dicho, del corredor de la calle Vitoria. Progresivamente y de acuerdo a nuevos criterios de “modernización” el Ministerio de Defensa, desde 1995, decide ir vendiendo buena parte de esos terrenos al Ayuntamiento de Burgos con la condición de que fueran destinados a viviendas de protección oficial. El resultado final ya lo conocen: recalificación y venta de esos terrenos al mejor postor, ofreciendo suculentos beneficios a la mafia del ladrillo. Y debo recordar que esos terrenos en origen fueron cedidos o aportados por el Ayuntamiento de Burgos al ejercito en tiempos de la Capitanía del General Yagüe en un contexto de miseria generalizada de la población burgalesa que contrastaba obscenamente con el tren de vida de la oligarquía local en los duros años de posguerra. Con esto se evidencia el poder del General Yagüe en los años 40 que con su presión obtiene terrenos públicos para instalaciones militares y que décadas después pasan a manos de intereses y negocios privados.

Mientras, el problema de la vivienda sigue siendo un quiste para las exiguas economías familiares burgalesas que tienen que comprar su casa en uno de los mercados inmobiliarios más caros del Estado Español junto con Madrid, Barcelona o San Sebastián.

Aquellos chalets de los que hablaba, una vez abandonados por el ejército, fueron ocupados por jóvenes en 1996 siendo escenario de una de las tantas experiencias de autogestión y ocupación desarrolladas en Burgos por diversos colectivos y organizaciones antifascistas. Se visibilizaba ya una actitud en el Barrio de denuncia de la falta de espacios públicos y dotaciones y también de las dificultades de accesibilidad a la vivienda por los jóvenes de entonces. “La Okupa de los Chalets de Aviación” albergó en las Fiestas de San Pedro de 1996 las jornadas que llevaban por título “5 Años de Ocupación y Resistencia” (en el 91 se ocupaba la casa de la Llana de Afuera) organizadas por la Asamblea Ocupa de Burgos. Aquella noche los jardines de la Ocupa de Aviación rebosaban de gente viendo al grupo Def Con Dos. Ese mismo año se ocupaba otro espacio abandonado, las dependencias de la fábrica de leche CELEBUSA, también en el corazón de Gamonal, en el actual parque Félix Rodríguez de la Fuente. Aquel verano en la Ocupa de CELEBUSA se hacía cola para ver a Reincidentes y Andanada 7.

La creación del Polo de Desarrollo Industrial en los primeros años 60 abre la puerta de par en par a iniciativas especulativas y a la búsqueda de rentabilidad inmediata para muchos constructores y políticos. ¡Hagan negocio señores! Era la consigna. El reparto del suelo en Gamonal se hizo atendiendo a conveniencias particulares. Cualquier intento de planificación representaba un estorbo para los que se frotaban las manos esperando las altas plusvalías de las ventas de las casas nido de los altos bloques que se erigían de forma desordenada y abigarrada a lo largo y ancho del joven barrio de Gamonal.

En resumidas cuentas, desde el responsable de la Matanza de Badajoz en el 36 Juan Yagüe, hasta los alcaldes de Burgos en tiempo de democracia (desde José María Peña hasta Javier Lacalle) el funcionamiento de la administración pública local está sujeto a una suerte de influencias personales, clientelas e intereses económicos que permiten el relevo de la corrupción a lo largo de los años. Ello queda muy bien expresado en el caso de la construcción en Burgos. Argumentos sobran para decir a los defensores del modelo de Transición que lo que hubo realmente a lo largo de los años 70 y 80 fue un continuum en lo que a corrupción se refiere. Pero también de represión hacia los movimientos que cuestionaran aquellas prácticas.

En Gamonal se lleva mucho tiempo sufriendo estos abusos, pero también tomando conciencia de que otro mundo es posible. El pueblo organizado paró el Bulevar pese a quien le pese. Hay una historia detrás. Aunque muchos tertulianos y periodistas al servicio de esos viles intereses sigan criminalizando a un pueblo que se empodera. El Burgos de los señoritos está tocando fondo.

Alberto San Martín | Desde Burgos para AraInfo

2 febrero, 2014

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