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“Empiezas a hablar con gente mayor (LGTBIQ) conocida y empiezan que cuando sean dependientes se suicidarán”

Federico Armenteros es el presidente de la Fundación 26 de diciembre que trabaja para construir espacios de socialización que rompan con el sentimiento de soledad y aislamiento que sufren las personas mayores LGTBIQ en una sociedad que todavía no está preparada para atender, entre otras, sus necesidades específicas de salud
| 12 mayo, 2018 07.05
“Empiezas a hablar con gente mayor (LGTBIQ) conocida y empiezan que cuando sean dependientes se suicidarán”
Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre. Foto: Pablo Ibáñez.

Hay cuerpos e historias que son silenciosas, que caminan entre el bullicio sin apenas ser vistas. No tienen nada que ofrecerle a la maquinaria del capital porque lo que producen o no puede ser intercambiado monetariamente, o no lo hacen de acuerdo a las reglas de la industria del patriarcado. Si le preguntamos a Federico Armenteros quién es más invisible si un “viejo” o a un “marica”, él responde que una trans de 80 años.

Armenteros es el presidente de la Fundación 26 de diciembre, una de las pocas organizaciones que trabaja con personas mayores, preferentemente lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales. Aunque esta fundación trabaja principalmente en Madrid, de vez en cuando viaja hasta otros territorios para presentar el documental que muestra el trabajo con este colectivo tan vulnerable. La última parada fue en el Festival de cine aragonés LGTBIQ Zinentiendo.

Esta entidad es una de las primeras porque, como explica Armenteros “hasta que nosotras nacimos la figura de la persona mayor no existía ni en el colectivo ni en la sociedad en general” y añade, “los mayores parecen que no existen y hay que ocultarles, que no se les note porque no son una moneda de valor. Nosotros intentamos dar la vuelta, ver que no podemos construir un colectivo si nos hemos olvidado de nuestro pasado”.

En el caso del Estado español, la situación es muy particular, estas personas mayores han vivido al menos una dictadura, sino dos, con leyes que reprimían la homosexualidad como la de Vagos y Maleantes de 1954 y la de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Y si no eran las leyes era el Código Penal con el artículo 431 que castigaba el escándalo público o, como en el resto del mundo, la crisis del VIH. Por ello, parece comprensible que las necesidades de este colectivo sean relativamente distintas que las de las personas hetero cis.

Un colectivo muy dependiente

Sin embargo, para Armenteros la vulnerabilidad y precariedad que acompaña en los últimos años de vida del colectivo LGTBIQ se deben principalmente a la falta de asistencia específica tanto económica como sanitaria por parte del estado. “Te encuentras con un colectivo muy dependiente porque es muy duro, son personas alcoholizadas que no pueden soportar esta sociedad que les ha tocado vivir. Vemos también mucha enfermedad mental, muchas depresiones porque no han sido aceptados por su familia, por esa soledad y la soledad te mata”, explica el presidente de la fundación.

Por su parte, el Informe “Vejez y orientación sexual” elaborado por la activista feminista Beatriz Gimeno, asegura tajantemente que en esta sociedad volcada en negar que los seres humanos envejecen, “lo mejor que le puede pasar a la vejez es no existir”, además, aclara que en esta sociedad heterosexista, la orientación sexual continúa siendo algo meramente sexual y, “si los gays son sexo, de ahí se sigue que en la vejez (cuando se les supone sin sexo) su orientación sexual pase a ser un dato irrelevante, a desaparecer. Tan sólo persiste la figura del viejo pederasta que persigue a los niños, una de las figuras más denigradas de la cultura actual”.

Por ello, a las dificultades de invisibilización que sufren las personas mayores, se le deben añadir las discriminaciones que sufre el colectivo LGTBIQ como, por ejemplo, las desventajas en el mercado laboral que luego repercuten significativamente en las pensiones que cobrarán o la imposibilidad de cobrar la pensión de viudedad.

“Cuando sean dependientes se suicidirán”

Junto a las condiciones económicas, también se encuentran los problemas a la hora de enfrentarse a las enfermedades o la sociedad. Los estereotipos y los prejuicios conducirán al personal sanitario a ignorar las necesidades de las personas LGTBIQ y, como efecto reflejo, es muy “corriente que estos mismos prejuicios y esta misma discriminación conduzcan a estas personas a silenciar a los médicos su orientación sexual y todos los problemas que tienen relación con ella”, explica Gimeno.

La experiencia de Armenteros confirma esta tendencia, “empiezas a hablar con gente mayor conocida y empiezan a hablarte de que ellos no van a ir a una residencia, que cuando sean dependientes se suicidarán y lo tenían todo planeado”. Y es que el miedo a la discriminación, el estigma o al maltrato puede reforzar el sentimiento de aislamiento en sus hogares.

Para Beatriz Gimeno, es especialmente grave el caso de las personas transgénero y transexuales, “lo más probable es que estas personas, paralizadas por el miedo, no acudan a residencias o retrasen en lo posible operaciones importantes antes que verse sometidos al maltrato y a la humillación, o aun peor, antes de que se les obligue, en la vejez, a adoptar el rol social que coincide con su cuerpo biológico de nacimiento y que han rechazado toda su vida”.

Foto: Pablo Ibáñez

Foto: Pablo Ibáñez

“No es trabajar para ellos, sino trabajar con ellos”

Por todo ello, entidades como la Fundación 26 de diciembre que cuenta con un centro de día para personas mayores construyen espacios únicos y necesarios para la socialización y la creación del sentimiento de comunidad. Federico asegura tajantemente que “los mayores no se sienten apoyados, no se sienten queridos” y que organizaciones que vuelven la mirada hacia estas personas, consiguen empoderarlas: “Encontrar o generar un espacio de empoderamiento del mayor, no es trabajar para ellos, sino trabajar con ellos, que sean ellos los que salgan de esa situación y también ayuden a otros que están en su misma situación”.

Tras ocho años de trabajo codo a codo con estas personas, acumula tantas historias que cuesta decidirse por contar alguna, pero Armenteros al hablar del sentimiento de pertenencia se acuerda de dos mujeres transexuales mayores. La primera de ellas, estaba en un residencia en la que no permitían acceder al equipo de la fundación: “Una vez de casualidad pude hablar con ella por teléfono y cuando hablo con ella y le digo queremos hacer una residencia y ella toda feliz ‘hacerla rápido por favor que así estoy con los míos’, eso es que te deja el corazón destrozado”.

La otra historia que recuerda es de una mujer trans de Letonia que vivía en situación de calle y que la trabajadora social la “obligó” a acudir a la fundación hace tres años. Aunque Federico admite que les costó mucho tiempo que se abriera a las personas que participan en la entidad. Ahora, acuden, al menos dos veces a la semana, a la residencia donde le ayudaron a entrar y asegura con orgullo que “cuando vamos a verla a una residencia de deterioro cognitivo está feliz porque nadie se fija en ella” y añade, “cuando vamos a verla ella feliz porque somos su familia, y nos presenta como su familia”.

Cabe destacar que las malas condiciones económicas y sociales o la falta de familia legal, se deben a factores dicriminatorios pero no es una condición de la homosexualidad en sí. “De hecho aquellos pocos estudios que estudian a los ancianos gays y lesbianas que llegan a su vejez con un compañero, demuestran que estas parejas tienen menos problemas sexuales que las parejas de su misma edad heterosexuales, más satisfacción con el tipo de vida que llevan a pesar de las dificultades que puede suponer la homosexualidad; y menor incidencia de problemas depresivos”, asegura Beatriz Gimeno en el informe “Vejez y orientación sexual”.

Dignificar a quienes han dado la cara

Por supuesto, esta amnesia colectiva en torno a las personas mayores, también afecta a la comunidad LGTBIQ, incluso, es todavía más acuciante si echamos un vistazo a los estereotipos que acompañan a este colectivo: “Siempre nos han vendido que el ser gay, ya no LGTB porque el resto no existen, es un chico joven blanco cachas guapísimo y ese es el prototipo que nos lanzan. No hay una persona mayor nunca, no es un referente”.

“Ahora mismo si tu no ves ninguna organización que te acompañe tú te quedas en tu casa. Yo se lo he dicho a la federación, no habéis hecho ningún año específico del mayor, de los jóvenes hacen falta pero que va siendo hora, que el propio colectivo nos reconozca”, Federico admite que hasta que no fue haciéndose mayor no se dio de que “la gente mayor no está en los colectivos, en las organizaciones no los veías. Cómo podíamos terminar esta sociedad sin dignificar a estas personas que habían estado dando la cara por nosotros de una manera o de otra”.

Y es que hacen falta memorias históricas o genealogías que nos reencuentren con lo sufrido y disfrutado para aprender a articular una comunidad unida y fuerte. Armenteros echa de menos que la juventud LGTBIQ no se acerque a las personas mayores para escuchar las “batallitas” de cómo ligaban en tiempos de leyes de peligrosidad, de comprender que pese a la represión estas personas también tenían “sus amores, sus afectos, sus ternuras” y que muchas lo recuerdan como una vida muy activa de “no me vas a doblegar, yo soy como soy por mucho que me metáis a la cárcel. El ver ese espíritu que tenían que no nos lo han podido transmitir, es una lástima”.

Foto: Pablo Ibáñez

Foto: Pablo Ibáñez

Aprender de las lesbianas

Frente a esta estrategia del olvido, al parecer, la experiencia muestra que las lesbianas no padecen tanto los estragos del neoliberalismo, a pesar de que llevan consigo el peso del machismo y del heterosexismo. Al margen de la brecha salarial de género que rebaja sus pensiones al llegar a la jubilación, al contrario que en otros colectivos es frecuente que “mujeres que pertenecen a diferentes grupos generacionales establezcan fuertes, estrechos y duraderos vínculos de amistad. Amistades femeninas que incluyen el cuidado, la intimidad y la cercanía emocional”, explica el informe.

Armenteros asegura que esto se debe a la influencia del feminismo en sus vidas y a la necesidad de unirse entre ellas para combatir la invisibilidad que siempre ha llevado consigo el lesbianismo. El informe añade otra causa, “las mujeres viven más que los hombres, por lo que las lesbianas pueden vivir con su pareja y con sus amigas de siempre hasta edades muy avanzadas, hasta edades en las que las mujeres heterosexuales se han quedado viudas y los gays han perdido a su pareja y a sus pares de edad”.

El apoyo mutuo, el reconocimiento de la vulnerabilidad para construir lazos intergeneracionales y la memoria histórica de las peligrosas y maleantes, son las claves para romper con el individualismo. La entrevista con Federico Armenteros acaba justo a tiempo para llegar a la presentación del documental “26 de diciembre” y lo hace con un alegato contra la tiranía de las dietas y el yoga para el “bien vivir”: “El que haya espacios de convivencia te van a hacer reflexionar y te va a abrir la mente, vas a tener que aprender a hablar con las personas, eso enriquece. Todo lo que sea favorecer una cuestión saludable, una vida saludable, más que el gymnasio y más que la comida”.

12 mayo, 2018

Autor/Autora

Periodista y videorealizadora en Zero Grados y AraInfo. Miembro del Consello d'AraInfo. @Rocio_Duran_


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