Altavoz

El jefe infiltrado

Contemplo con estupefacción un programita en la televisión de esos que te dan ganas de disparar a la pantalla. El engendro se llama ‘El jefe infiltrado’. Es notable la habilidad de la derecha y por supuesto de los medios para borrar en las cabezas de los trabajadores cualquier rastro de dignidad o de ansias reivindicativas....
| 6 marzo, 2017 07.03
El jefe infiltrado

Contemplo con estupefacción un programita en la televisión de esos que te dan ganas de disparar a la pantalla. El engendro se llama ‘El jefe infiltrado’. Es notable la habilidad de la derecha y por supuesto de los medios para borrar en las cabezas de los trabajadores cualquier rastro de dignidad o de ansias reivindicativas. Se quiere instalar como un troyano, el virus de la culpa, y la vulgar falacia de la baja productividad como explicación de la crisis y el salario de esclavo.

Algunos incautos lloran en su sofá ante la magnanimidad paternalista del jefe, observando, ya sin peluca, a un desencajado trabajador gimiendo por sus fechorías, temiendo su despido inminente. Patético.

Durante todo este trance se percibe un tufillo de interés por parte del jefe en que el/la currela “ame a la empresa”. El amor, se gana, el amor por los compañeros se cultiva, pero el amor por la empresa se paga amigos míos, pues si tanto amor se busca entre dirección y trabajadores, se podría empezar por ofrecer salarios justos, a más de otras muchas reivindicaciones ya enterradas.

Propongo a alguna productora suicida el programa contrario. ¿Qué tal “El currante infiltrado”? Tal vez un aguerrido trabajador con contrato administrativo pueda contarnos como su jefe defrauda, como despide cada tres meses, como impaga las horas extras, como unta a alguna administración para conseguir contratos, como tiene a emigrantes sin seguridad social en barracones, como es que gana mas dinero que nunca en el turismo y paga los peores salarios…

Tal vez luego, al final de la emisión, al quitarse la peluca, el empresario modelo no llore desconsolado, ni el incauto espectador tampoco. Tal vez entonces la ira se instale en el jefe y la indignación entre la audiencia. Es tan fácil faltar al trabajador, degradarlo, hacerle culpable de la situación, arrebatarle cualquier derecho, hacerle sentir que no es merecedor de nada y menos de cualquier ayuda publica.

Lo público se intenta instalar en nuestras mentes como algo ya del pasado. Vivir de lo público, aunque la prestación de desempleo la hayamos pagado con creces o recibir una suma por dependencia es casi una locura que produce vagos crónicos y maleantes de economía sumergida.

Frente a este caos, el empresariado cabal, dedicado, emprendedor, vigilante del trabajo bien hecho y magnánimo limosnero. Paradójicamente “vivir de “lo público” y defender el liberalismo más recalcitrante es una consigna permanente de los grandes empresarios en este país. Cuando no consiguen el dinero público, acudirán al pueblo más empobrecido allende los mares, a los países “en vías de explotación”. Es la forma correcta de hacer los negocios. El dinero lo tienen los pobres y por lo visto es deber del empresario arrebatárselo.

Para que todo tenga una cara amable, se hace hincapié en los orígenes humildes de algún insigne emprendedor, como si aquella procedencia limpiara para siempre sus practicas canallas y sirviera de ejemplo a futuros explotadores. El gallego canalla, el que hizo del sastre desastre, el que arruinó a sus paisanos, el patriota, es el ejemplo.

El currante infiltrado difícilmente podría llegar al centro de la ingeniería del mal, que engrasa su maquinaria de hacer dinero. Es más fácil dar un tortazo a mano abierta a un pobre trabajador en ‘primetime’. Penoso….

Mientras, cada vez hay más ricos en España. Rajoy, exultante, nos prometerá que en unos años, todos los españoles lo seremos.

6 marzo, 2017

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