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El independentismo resiste y anula el efecto de la victoria de Ciudadanos

El día después de las elecciones en Catalunya deja un panorama todavía más incierto. Ganó el independentismo, pero la primera fuerza fue Ciudadanos. La izquierda transformadora sufrió un retroceso y el partido del Gobierno español se convirtió en una formación residual en Catalunya.
| 22 diciembre, 2017 12.12
El independentismo resiste y anula el efecto de la victoria de Ciudadanos
ERC y CUP apoyarían la consulta alternativa del Govern.

Las ilegítimas elecciones que Mariano Rajoy convocó para desarticular la mayoría independentista que gobernaba en Catalunya finalmente han reforzado esa misma mayoría.

En una jornada que superó el récord histórico de participación -establecido en los comicios generales de 1982 con el 79,9% de participación- los partidos independentistas sobrepasaron los 2 millones de votos, rebasando de este modo, los resultados obtenidos por su opción ideológica en las elecciones de 2015 y en el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre. Todo ello con unos liderazgos a medio gas, o en palabras más contundentes: en prisión y en el exilio.

No sucedió lo mismo en el caso de los escaños. La suma de Junts per Catalunya (34), ERC (32) y la CUP (4) se sitúa en los 70 escaños, dos por encima de la mayoría absoluta, pero dos por debajo de la suma obtenida en 2015.

Este fenómeno se explica por el crecimiento en votos de la derecha españolista formada por Ciudadanos (37) y el Partido Popular (3) -aun teniendo en cuenta la caída de votos de esta formación-. Si en 2015 ambas fuerzas sumaban 1,08 millones de votos, el 21 de diciembre se llevaban 1,28 millones de papeletas. Inés Arrimadas rentabilizó a la perfección su discurso frentista y belicoso, pues cabe recordar que el partido naranja fue el primero en pedir la aplicación del 155 en Catalunya, y el 21 de diciembre conseguía situarse como primer partido de Catalunya.

Arrimadas conseguía arrastrar un gran número de votos del Partido Popular que se convierte en Catalunya en un partido marginal. El primer partido del Estado español, estado que ha impuesto estas elecciones ilegítimas, es el último partido en Catalunya y no alcanza ni el 5% del electorado. Su resultado es tan efímero que con la subvención que corresponde al número de votos obtenidos, 130.000 euros, no cubrirá ni de lejos los 1,7 millones de euros que se gastó en campaña.

La nueva disposición de escaños en el Parlament también se explica por el crecimiento del PSC que, con la incorporación de lideres de Unió entre sus filas -Ramón Espadaler como número tres- aumentó en 80.000 sus votantes. Cabe recordar que el partido de derechas tradicionalista había obtenido en 2015 100.000 votos y en las elecciones de 2017 no se ha presentado. Parece que el trasvase de votos es claro.

Por su parte, Podemos y comunes vivieron una jornada amarga perdiendo casi 44.000 votos con respecto a Catalunya Sí Que Es Pot. De nada sirvió la alianza con Ada Colau o el liderazgo de Xavier Domenènch. Igual suerte corría la CUP con una bajada en votos con respecto al 2015 del 42,8%. Algunas voces desde las redes sociales de la izquierda transformadora se hacían eco la misma noche de las elecciones de la situación. Entre ambas formaciones solo suman algo más de medio millón de votos. En 2015 más de 700.000 apoyos.

Más allá de las cifras, las elecciones de 2017 serán recordadas porque los programas políticos volvieron a quedarse en un segundo plano. Tal y como recordaba la periodista catalana Mónica Terribas pasadas las 12.00 del día 21 de diciembre en la radio, “vivimos en un ciclo electoral en el que el partido que tiene un programa más elaborado es segunda fuerza por la cola”.

Catalunya una vez más, vivió una jornada electoral plebiscitaria. En esta ocasión se enfrentaban los partidos del 155 y los que consideraban la aplicación de este artículo como una forma de represión e imposición más. Los resultados son meridianos: el primero de los bloques -incluso si incluimos Catalunya en Comú-Podem- se queda lejos de la mayoría en escaños. Mientras tanto, el independentismo o los partidos contrarios a la represión del Estado español dieron un golpe sobre la mesa que numerosas portadas internacionales no han dudado en recoger. El italiano Corriere della será titulaba “España, vencen los separatistas” y “Puigdemont: ‘Derrota de Madrid’”; el alemán Franffurten Allgemeine afirmaba “Los separatistas se llevan la mayoría”; el diario Le Figaro decía “Elecciones en Catalunya: el choque independentista. La victoria de los separatistas vuelve a sumergir España en la crisis; por último, el francés La Dépeche titulaba “Catalunya: mayoría independentista”.

Nos las prometíamos difíciles el día 22 de diciembre y así es. Existen muchas barreras para llegar a pactos. ¿La CUP abandonará la unilateralidad para formar gobierno? ¿Puigdemont será presidente con un partido que no tiene apenas estructura o dejará en manos de ERC la vida parlamentaria? ¿Volverá a aplicarse el 155?

La política electoralista produce este tipo de sesgos. El día después de las elecciones todas las formaciones afirman que han ganado porque unas lo hacen en votos, otras en escaños, otras como primera fuerza política. Y así va el entuerto catalán que, con toda probabilidad solo puede resolverse por una vía: un referéndum.

Y mientras tanto, en un lugar de los juzgados a millones de años luz de la política, siguen las causas contra la opción vencedora en Catalunya.

22 diciembre, 2017

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