Altavoz

El día que Pablo Iglesias blanqueó el fascismo

Pablo Iglesias, en su obsesión por convertirse en la media justa entre independentismo y unionismo ha terminado por legitimar el fascismo y la violencia ejercida por grupos de extrema derecha en los últimos tres meses
| 6 diciembre, 2017 10.12
El día que Pablo Iglesias blanqueó el fascismo
Foto: Podemos

La frase quedará perdida entre la marabunta de declaraciones que se producirán de ahora hasta el día de las elecciones en Catalunya. Sin embargo, no debería.

El pasado 3 de diciembre en un mitin en San Adrià del Besos, el líder de Podemos, Pablo Iglesias afirmaba lo siguiente:

“Han fracasado los que con palabras muy intensas con tonos grandilocuentes prometieron algo que sabían que era mentira y sabían perfectamente que era mentira. Y nosotros se lo dijimos en público y en privado: es mentira lo que estáis prometiendo y lo que estáis prometiendo puede tener consecuencias que sean desastrosas para Catalunya (…) y para el conjunto del Estado. Porque quizás sin quererlo o a lo mejor buscándolo habéis contribuido a despertar el fantasma que es la mayor amenaza para la democracia, que es el fantasma del fascismo. A lo mejor habría que hacer menos promesas y a lo mejor tendría más sentido aceptar que las realidades son complejas y difíciles y que la política pueden ser un conjunto de instrumentos para cambiar las cosas, pero no para caminar hacia el desastre y sin gritar y sin tonos intensos. Hay que decirles: ustedes han fracasado también y ustedes han mentido siendo conscientes de que estaban mintiendo a millones de sus compatriotas y tarde o temprano sus compatriotas se lo van a recordar”.

Ciertamente es una frase larga, pero resulta necesario copiarla íntegramente para que no pueda decirse que las declaraciones de Iglesias están sacadas de contexto.

¿Qué hay de malo en estas declaraciones pronunciada por un político nada sospechoso de ser fascista? Vayamos por partes porque el asunto tiene miga.

Un insulto a las víctimas

El 1 de octubre casi 1.000 catalanes y catalanas fueron agredidos por las fuerzas de orden del Estado español. Con sus declaraciones Iglesias pone a funcionar lo que parecería el discurso de un hombre maltratador hacia una mujer. Si el fascismo, que según Media.cat lleva en tres meses más de 120 agresiones, ha rebrotado en Catalunya es porque el independentismo ha provocado a la bestia.

Lo que Iglesias afirma es que la responsabilidad de esas 120 agresiones, sin quererlo o tal vez queriéndolo -lo más terrible de su frase-, es de las personas independentistas. Es decir, esas casi 1.000 víctimas son en parte responsables de que ahora grupúsculos de extrema derecha campen a su anchas en Catalunya o en València.

Como bien nos ha mostrado el feminismo -o la lógica- la culpa nunca es de la víctima, sino siempre del agresor.

Ha olvidado Iglesias de que personas de su partido fueron agredidas en Zaragoza. ¿Es culpa de Violeta Barba haber despertado al fascismo? La respuesta de tan nítida no necesita aclaramientos.

La teoría de los polos opuestos

La idea anterior es la más obvia, la que miles de perfiles en redes sociales ya han comentado. Con todo, la frase del líder de Podemos es mucho peor.

En su forma de analizar la realidad, fascistas contra independentistas, está equiparando a ambos movimientos. Esta similitud a la que partidos como Ciudadanos o el PP nos tienen acostumbradas, tal y como recordaba el rapero Pau Llonch en Catalunya Radio el pasado 4 d diciembre, es lamentable. El independentismo se ha caracterizado por ser un movimiento pacífico que, en diversas ocasiones, cuando grupos de extrema derecha catalanista han intentado penetrar en él, ha puesto mucho empeño en expulsarlo. Hemos visto como en manifestaciones los y las asistentas insultaban a aquellas personas que iniciaban actos violentos.

La estrategia de Iglesias, secundada por Juan Carlos Monedero, es cien por cien puro electoralismo. Pero -y aquí va opinión pura y dura- para obtener votos no todo vale. El líder de Podemos hace un flaco favor a la izquierda al tratar de erigirse como punto intermedio entre radicales fascistas y radicales independentistas. Además de patinar analíticamente hablando.

El independentismo tiene muchos elementos criticables, pero desde siempre, desde hace al menos 7 años se ha demostrado pacífico. Obviamente tiene derivadas no tan calmadas, pese a esto, también tiene mecanismos para aplacar esas derivadas violentas. ¿Puede decir lo mismo el movimiento unionista? Siendo pacíficas como son -eso es innegable- las personas que acuden a manifestaciones españolistas no siempre condenan con suficiente vehemencia las agresiones llevadas a cabo por ultras de extrema derecha. Otra vez opinión: en concentraciones unionistas he visto como jóvenes encapuchados que habían entrado en un edificio para sacar una estelada del tejado, luego era escondidos por personas mayores.

Pero más allá de esto ¿verdaderamente cree Iglesias que el independentismo es culpable del fascismo evidente de hoy?

El techo de la izquierda

No solo miente, analiza erróneamente y tergiversa. Pablo Iglesias, con sus declaraciones hace un flaco favor a toda la izquierda o mejor aún, a todo proyecto transformador basado en la libertad, la igualdad y la fraternidad. Afirmar que el independentismo es culpable de haber despertado el fascismo y que antes de hacerlo debería haber medido sus actos es un error a todas luces para quienes pensamos que la sociedad debe cambiar.

Imaginemos una situación distinta: Podemos en el gobierno promueve una ley en favor de los derechos del colectivo LGTBI -de hecho, la formación morada está impulsando una ley de este tipo en el Congreso con poca suerte. En las calles grupos de extrema derecha empiezan a manifestarse llevando a cabo actos de violencia similares a los que durante tres meses se han visto en Catalunya. ¿Qué haría entonces Podemos? ¿Renunciar a su ley porque puede despertar el fantasma del fascismo? Esperemos que eso no suceda y que, de llegar a la Moncloa, Iglesias no renuncie a sus leyes de progreso porque personajes de extrema derecha lo reclaman.

La gente de Catalunya no es idiota

En este punto si que se va a emplear la primera persona de forma desbocada. Las personas catalanas empiezan a estar cansadas de que Podemos les trate como idiotas. Nos trate como tontos que no sabemos discernir entre lo que nos conviene y lo que no.

Primero Mas nos engañaba, luego Puigdemont nos mentía, ahora la derecha catalana intenta cegarnos de nuevo. Pero es que a los unionistas el líder de Podemos también los trata del mismo modo: engañados por Rivera, engañados por Rajoy, engañados por la bandera.

Pues no, Pablo Iglesias, las catalanas de derechas e izquierdas somo personas mayores que escogemos nuestros caminos libremente. Concretamente hay más de 2 millones de personas que han elegido una opción y 2 millones más que han elegido otra; ambas legítimas, desde el punto de vista del que escribe esto una de ellas censurable. Para Podemos los únicos no manipulados son los y las seguidoras propias: personas por encima del bien y del mal, los dalai lamas de la política.

Para terminar: la opinión de Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero -legitimada por Xavier Domènech- es solo eso, una opinión que no atañe a todo el ecosistema de Podemos. Por eso estaría bien que aquellas personas al entorno de la formación que no creen que independentismo es lo mismo que fascismo, que el independentismo ha legitimado la violencia del fascismo o que piensan que el independentismo no solo son 2 millones de personas abducidas, le cantaran las cuarenta al gran líder.

6 diciembre, 2017

Autor/Autora

Periodista. Miembro del Consello d'AraInfo. @AlbertAlexan


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