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La voz de un huracán no se puede parar

El Corazón del Sapo regresó a los escenarios, tras 17 años de ausencia, con la minigira solidaria ‘2017 formas de matar con unos tirantes’, cuatro conciertos en apoyo a las personas refugiadas celebrados en abril y mayo en Zaragoza y Zarautz. La próxima cita con los Sapos es el 29 de julio en Hatortxu Rock (Lakuntza).
| 2 julio, 2017 07.07
La voz de un huracán no se puede parar
El Corazón del Sapo -Gabi (bajo), Chuchi (batería), Guillermo (guitarra) y Fer (voz)- en el concierto del pasado 13 de mayo en Zaragoza en apoyo al Grupo de Ayuda a Refugiad@s. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

“Todas las revoluciones ingresan en la Historia y la Historia no rechaza ninguna; y los ríos de las revoluciones regresan a su origen para poder fluir de nuevo”. Guy Debord.

Fuego al cielo de los cuervos. Esta fue la declaración de guerra que El Corazón del Sapo hizo a lo establecido. Como escribiera William Blake, todo objetivo de quien lucha por la justicia es quemar el cielo, el cual encarna la obediencia, la represión y la sumisión. Fuego, fuego, fuego, a la decadencia burguesa, a la decencia bien pensante, a los mediocres ídolos del rock and roll. Fuego al sistema de los propietarios. A sus burdeles, sus empresas y sus iglesias.

El Corazón del Sapo marcó una década para todas las personas que luchaban por algo distinto. Fueron hijos de la insumisión y utilizaron la contracultura para denunciar la realidad injusta, con poesía y hardcore. Fueron una referencia estatal de la cultura underground y no comercial, referencia del compromiso político y de la coherencia. Rompieron las normas de la métrica y de la ortodoxia. Y por ello también fueron señalados por los guardianes de la pureza contracultural. Supieron entender, como Celaya, que su poesía también era un arma cargada de futuro, y se posicionaron en el lado donde no estaban los neutrales, donde no se encontraban aquellos que entendían la música como un lujo cultural. Los Sapos, como el poeta, también concibieron su música, como música-herramienta. Una música que a modo de cincel golpeó en las conciencias de las personas comprometidas, pero también de las indiferentes.

El Corazón del Sapo fue un chillido de ira y rabia contra los caciques, contra la represión y las cárceles, contra los amos, contra la barbarie sionista e imperialista. Un grito de esperanza por la dignificación de la lengua aragonesa, por la defensa de los derechos las personas más desvalidas, de las emigrantes, las mujeres y las minorías. Para la defensa de la tierra y del derecho a los sueños. Los Sapos fueron la consecuencia cultural de la energía libertaria zaragozana de los años 90. Fueron el puño, el color y la voz.

No es el azar del futuro el que ha hecho que el corazón del sapo vuelva a latir.

Tras 17 años de ausencia la banda aragonesa regresó a los escenarios para cinco conciertos solidarios. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El Corazón del Sapo, hardcore, contracultura y poesía de unos hijos de la insumisión. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Según recuerda Fer, vocalista de la banda, “aquello fue una experiencia enorme que más que cambiarnos, nos hizo, y a la que llegamos desde la militancia y el compromiso social y político. Fue la posibilidad de llevar adelante una forma distinta de entenderlo todo, de liberarnos, de descolonizarnos, de seguir un camino diferente, de decir lo que pensábamos y expresar como nos sentíamos con total libertad. Fue un antes y un después. Un momento importante de nuestras vidas y nuestra lucha, lleno de momentos intensos e increíbles”.

Y en esos momentos Los Sapos supieron materializar y dejar para la posteridad joyas como ‘La imaginación contra el poder’ (1993); ‘Que el perro no rompa las flores’ (1996); ‘Fuego al cielo de los cuervos’ (1998); ‘O pasaclau d´a reyalidá’, directo de 1999; ‘La casa magnética’ en el 2000, y un disco recopilatorio de rarezas, ‘Bajo la playa están los adoquines’ de 2006. Además de la multitud de conciertos que los llevaron a recorrer Europa y el Estado. Pudieron grabar con algún sello independiente, pero prefirieron la autogestión: “Tuvimos muchas propuestas de gente y sellos a los que admirábamos y respetábamos por su trabajo, y que tenían una idea y una manera de entender la música muy parecida a nosotros, pero  preferimos no dar el paso. Buscábamos un camino propio y lo acabamos abriendo”.

Fueron los años en los que un viejo mundo moría, y la caída del Muro así lo atestiguaba. Las ilusiones infundadas de un capitalismo con ansias de expansión calaron en las conciencias de una ilusa y autodenominada clase media. Por estas latitudes aún se sentían, como hoy, los coletazos del franquismo, y el gobierno del PSOE seguía obligando a los jóvenes a cumplir su misión con una democracia y un ejército que apestaban a “Una, Grande y Libre”.

Allí donde hay opresión, surge resistencia. Y surgió. A Guillermo –guitarrista de los Sapos- y Fer, les tocó de lleno. Los dos fueron presos insumisos. Fue “una forma de enfrentarnos al Poder y a quienes lo protegen militarmente, de no aceptar, de no colaborar con un sistema, ni acatar sus leyes injustas. Entonces con 18 años tenías dos opciones: aceptar más o menos sumisamente, pasar por el aro e ir a un cuartel a cumplir el servicio militar o su sustituto social, o rebelarte y negarte a hacerlo. Nosotros, como otros muchos, hicimos lo segundo. Recuerdo cada mani, cada movilización, cada acción como momentos emocionantes que te hacían sentir que de verdad podíamos e íbamos a cambiar las cosas”, dice Fer. El movimiento por la insumisión fue el responsable de que los jóvenes que nacieron el año en el que El Corazón del Sapo se bajó de los escenarios, que hoy tienen casi 18, ya no tengan que ir obligados a hacer la “mili”. El estudio de la historia y los ejercicios de memoria serían los mejores homenajes que la juventud de hoy podría hacerle a bandas militantes como El Corazón del Sapo.

Fer durante el concierto de los Sapos en el CSO Kike Mur de Zaragoza, el 23 de abril. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Fer durante el concierto de los Sapos en el CSO Kike Mur de Zaragoza, el 23 de abril. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El pasado 23 de abril, El Corazón del Sapo volvió a latir, y lo hizo en aquel espacio donde Fer y Guillermo estuvieron presos. La antigua cárcel del zaragozano barrio de Torrero es hoy el Centro Social Okupado Kike Mur, nombre en recuerdo al preso, también insumiso, que murió estando dentro Guillermo y Fer. Aquella noche fue un repaso a la historia musical y militante de El Corazón del Sapo, una historia ligada para siempre con el movimiento por la insumisión. Emotividad, lágrimas, sonrisas, luchas y sueños compartidos hicieron de ese 23 de abril un día inolvidable para las 300 personas que tuvieron la oportunidad de vivirlo intensamente. “Tocar en el CSO Kike Mur fue para nosotros una pequeña venganza. Que un sitio como la antigua y sórdida cárcel de Torrero, por donde pasamos muchas y muchos, y en donde sufrió y murió tanta gente, sea ahora un espacio recuperado, un lugar creativo y vivo, supone para nosotros una alegría enorme”, reconoce Fer.

Como en los 90, en 2017 se sigue abriendo un nuevo mundo que agoniza. La lucha de clases se ha recrudecido, y el Imperio tiene vía libre y se ha fortalecido. La guerra imperialista, alimento del capitalismo, ha vuelto a generar una de las mayores crisis humanitarias de los últimos años. Sobre ella, y de sus consecuencias, que es lo mismo, se expresaban los Sapos con crudeza en “Ángeles Muertos”, “Campos”, “La Costa” o en “Les clothes de Marseille” que “habla sobre todo de la gente que huye, por la circunstancia que sea… personas refugiadas, exiliadas, autoexiliadas, de la gente de la diáspora y de la del exilio interior, de las personas que se encuentran en tierra de nadie a miles de kilómetros de ningún lugar y de las que son extranjeras en sus propia tierra, pues a veces la distancia no es algo físico”, subraya Fer.

2017 formas de matar con unos tirantes. No es el azar. “Toca hacer un esfuerzo por ayudar a personas que están en una situación mucho más dura que la nuestra. Toca denunciar y combatir la política migratoria racista de los gobiernos europeos y la UE. Toca denunciar la agresión imperialista que las principales potencias económicas siguen llevando a cabo en distintos sitios del planeta como Siria. Toca detener la guerra. Toca acoger y ayudar. Toca tender puentes y abrir fronteras. Nos duele mirar la vida pero tenemos que abrir los ojos”, continúa la voz de los Sapos.

El Corazón del Sapo vuelve a latir, hoy como ayer, desde la coherencia, la honestidad y el compromiso político. ‘La Casa Magnética’ se acaba de reeditar en formato vinilo. Una reedición cuyos beneficios, junto a los de los cuatro conciertos de la minigira –los tres de Zaragoza y el de Zarautz-,  “irán destinados a ayudar a las y los que luchan”. “La situación de emergencia que están padeciendo cientos de miles de personas que escapan de la guerra y la miseria,  nuestro compromiso con ellas, y la escasez de medios con los que cuentan quienes les ayudan, hizo que los beneficios del disco y los conciertos vayan a parar al Grupo de Ayuda a Refugiad@s en Zaragoza, quienes están desarrollando un trabajo voluntario e independiente ayudando y acogiendo a las personas refugiadas que llegan a Aragón”, sostiene Fer.

Las entradas para los dos conciertos de los Sapos en el CC Delicias se agotaron en pocos minutos. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Las entradas para los dos conciertos de los Sapos en el CC Delicias se agotaron en pocos minutos. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El Corazón del Sapo ha vuelto a poner en marcha su poesía de guerra, como Machado o The Clash, para denunciar la injusticia de un mundo dirigido por los intereses del libre mercado. No hay gran diferencia entre el cielo de los cuervos decimonónico, el de los 90 o el de hoy. “Evidentemente los años pasan, pero precisamente es esa perspectiva que te dan los años, la que hace que uno tenga la sensación de que el tiempo pasa pero las cosas no cambian, sólo lo hace la percepción física que tenemos de las mismas”, afirma Fer, que recuerda a Mark Twain: “La historia no se repite, pero rima”.

Pero en los márgenes del sistema la historia también es capaz de rimar en sus últimos versos. En esas aristas del sistema se situó la conciencia libertaria de los Sapos, que siempre estuvo comprometida con su tierra, como la de aquellas y aquellos libertarios del Consello d’Aragón, el primer estado anarquista, que apostaron por la defensa de la tierra y la soberanía del pueblo como libertad política. “Stop Caziques” aterrizó el pensamiento global en lo local. “El proceso de colonización sufrido en Aragón en los últimos cinco siglos y especialmente durante los 40 años de franquismo ha borrado muchos de los rasgos de identidad de este Pueblo. Es triste ver como en Aragón muchas personas y organizaciones, incluso de ‘izquierdas’, han asumido y asumen como verdad absoluta la versión de la historia del colonizador,  y dan por bueno e inevitable su proyecto político. Es increíble que todavía hoy Aragón mire con más recelo a Catalunya, con quien ha compartido siglos de historia en común, que a España… Recuperar la autoestima como Pueblo debe pasar por dejar de  reconocerse y aceptarse  como colonizado”, apunta Fer.

Las ideas de liberación, el derecho a soñar, la esperanza, la utopía que anima a seguir hacia adelante, continúan, aunque el sujeto que las relató ya no esté. Las ideas de liberación son contagiosas, y permanecen en la memoria de una generación tras otra. Fer concluye la entrevista con una reflexión: “No creo que El Corazón del Sapo terminara, su música sigue sonando en las cabezas y los corazones de mucha gente. Nada ni nadie somos eternas, y dejar un puñado de canciones, no para el recuerdo ni para la nostalgia, sino para seguir soñando, hace que el mensaje de los Sapos siga latiendo”.

2 julio, 2017

Autor/Autora

@DiegoMRoig / @igoiz17


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