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Ecologistas en Acción asegura que el “impacto negativo” de la caza en el medio rural crece

La organización ecologista documenta un gran número de casos y al menos 30 tipos de situaciones en los que la caza está impactando de forma “muy negativa” en las actividades que se desarrollan en el medio natural y rural
| 26 julio, 2018 13.07
Ecologistas en Acción asegura que el “impacto negativo” de la caza en el medio rural crece
Foto: MottaW (CC BY-SA 3.0)

A partir de las denuncias recibidas y de un rastreo documental, Ecologistas en Acción ha elaborado un extenso catálogo de al menos 30 tipos distintos de afecciones negativas de la caza a todo tipo de actividades económicas y recreativas. Actividades productivas y de ocio están en peligro y se ven afectadas por una caza que cada día se lleva a cabo de forma más intensiva, y que se privilegia ante otro tipo de usos en el medio rural.

Además no hay límites temporales. Se caza durante todo el año y en verano con modalidades especialmente peligrosas como la caza nocturna y los recechos. Tampoco hay límites espaciales: se caza hasta en los parques estatales.

Las consecuencias negativas de la caza se extienden por todo el Estado español, con singularidades llamativas en algunos territorios. Entre las más afectadas por esta problemática destacan los de Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid y Cantabria.

Los impactos documentados más frecuentes son el cierre de caminos y vías pecuarias, bien sea mediante barreras físicas o mediante carteles o medidas disuasorias, tales como sensores, cámaras o guardería privada. Se impide así –en ocasiones amparándose en bandos municipales– el libre tránsito y uso de vías públicas y márgenes de ríos, sobre todo para senderismo, la bicicleta de montaña y las rutas a caballo. Este tipo de situaciones están extendidas por todo el Estado español, pero están siendo especialmente visibles en los grandes cotos de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha.

Entre los daños más graves se encuentran los que ponen en riesgo la integridad física de las personas. La caza en zonas de seguridad y montes públicos ha dado lugar a accidentes incluso mortales de seteros, transeúntes o ciclistas, así como a una innumerable lista de molestias y conflictos.

Más grave resulta la disposición de cables u otros elementos para cortar el paso de forma abrupta a quien discurra, sobre todo en bicicleta, por senderos y caminos. No faltan tampoco las agresiones y las amenazas de cazadores a personas, sobre todo si estas les llaman la atención sobre algún tipo de conducta inadecuada por parte de quien porta un arma de fuego. Se dan casos en todo el Estado español, pero los más graves entre los recientes se han registrado en Catalunya, Galiza, Andalucía, Madrid y Toledo.

Desde Ecologistas en Acción recuerdan que la caza tampoco respeta las actividades tradicionales del medio rural, entre ellas la agricultura, la ganadería, la pesca, la apicultura o la recolección de setas, entre otras. Los conflictos por los daños que provoca la caza a la agricultura y a la ganadería suelen ser además especialmente graves y costosos para las personas afectadas.

En otros casos el impacto es en términos de riesgo de accidente o de impedimento del paso para realizar otras actividades distintas de la caza. También se registran daños por incendios provocados por cazadores. Castilla y León está a la cabeza de estas problemáticas que se extienden a otros territorios limítrofes o más alejados, como Murcia.

Asimismo, y a juicio de la organización ecologista, “el sector cinegético no respeta los espacios protegidos y sus principios rectores, poniendo en peligro actividades de ecoturismo y astroturismo. Incluso los parques estatales se ven seriamente afectados por la caza con la aquiescencia de las administraciones”. Los espacios más comprometidos por ello son Picos de Europa, Monfragüe y Cabañeros.

Por último, los impactos más novedosos tienen que ver con los daños a animales domésticos acompañados o no de sus legítimos dueños o dueñas y con la versión cinegética del acoso inmobiliario, que se ve reflejado en las actuaciones de grandes cotos de caza que asfixian pequeños pueblos y caseríos. Dos ejemplos son el caserío de la Venta de la Inés en Ciudad Real y el pueblo de Villaescusa de Palositos en Guadalajara.

Ecologistas en Acción quiere llamar la atención sobre un problema que “va a más” y que produce un “notable impacto negativo”, también en lo económico, en las actividades productivas, recreativas y turísticas y, por extensión, a todo el mundo rural. “Lejos de ser una actividad integradora, la caza solo busca su beneficio y su propia supervivencia. Para ello, de un tiempo a esta parte el sector cinegético trata de transmitir una imagen que no se corresponde con la realidad”, concluyen.

26 julio, 2018

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