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De las aulas a las calles: una huelga feminista y mucho por hacer

Domingo, seis de la tarde, Casa del Estudiante. Alrededor de treinta chicas esperamos, sentadas en círculo, a comenzar la asamblea de evaluación del eje estudiantil de Zaragoza. Hace tres meses, cuando celebramos el primer encuentro hacia la huelga feminista de Aragón, la mayoría de nosotras no nos conocíamos.
| 5 abril, 2018 07.04
De las aulas a las calles: una huelga feminista y mucho por hacer
Manifestación estudiantil en la pasada huelga feminista del 8M. Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

Domingo, seis de la tarde, Casa del Estudiante. Alrededor de treinta chicas esperamos, sentadas en círculo, a comenzar la asamblea de evaluación del eje estudiantil de Zaragoza. Hace tres meses, cuando celebramos el primer encuentro hacia la huelga feminista de Aragón, la mayoría de nosotras no nos conocíamos. Ahora somos todas compañeras, si no amigas, y el grupo de chicas que hace un tiempo hablaba con timidez se ha convertido en una brigada feminista imparable.

Sabemos, además, que la red de la que formamos parte va mucho más allá de las que estamos hoy presentes: la huelga nos ha conectado con mujeres de nuestra ciudad que llevan décadas en el feminismo, activistas de pueblos cercanos y compañeras de territorios como Asturies, Andalucía, Madrid, Galiza o Catalunya con las que nos hemos coordinado a través del grupo estudiantil estatal.

Terminan de llegar las últimas asistentes y comenzamos a hacer balance. El último mes hemos llevado un ritmo frenético: hemos ido a una asamblea detrás de otra, nos hemos reunido con profesoras y trabajadoras, hemos repartido casi 10.000 panfletos y cientos de carteles, hemos organizado fiestas y preparado charlas. Además, el 8 de marzo organizamos una universidad de la calle que fue multitudinaria, convocamos una manifestación a la que acudieron miles de personas, cubrimos los escaparates de varias tiendas con mensajes de denuncia y logramos que la huelga en las aulas fuera un éxito rotundo.

Pero, entre todas estas cosas, creo que lo más valioso ha sido precisamente la organización de las mujeres que han impulsado la huelga. Porque nuestro eje no solo ha supuesto la coordinación de las que ya estaban, sino la participación de muchas que venían por primera vez. Ha supuesto, en muchos casos, el salto de lo virtual a lo material, de lo personal a lo político. De un feminismo que aparece en hilos de twitter a uno que, además, se organiza en las calles. De un feminismo que emerge de lo vivencial a otro que, además, habla en clave económica e incorpora progresivamente una visión global e interseccional. De un feminismo que se posiciona contra el acoso sexual o la presión estética a uno que sitúa también en primera línea la cuestión del trabajo reproductivo y los conflictos laborales.

Y ahora que ha pasado la huelga, toca abordar el “¿ahora qué?”. Llevamos tiempo diciendo que el 8 de marzo no ha sido un principio ni un final, pero llega el momento de elaborar respuestas concretas a los interrogantes que emergen con fuerza: ¿Cómo canalizar toda la potencia generada en los últimos meses? ¿Cómo mantener la llama prendida y dar forma a un movimiento que sea sostenible en el tiempo? ¿Cómo asegurar una coordinación estatal que sume, y no reste, fuerza a lo local?

Por otra parte, aunque 8 de marzo ha conllevado muchas victorias, también nos ha traído la obligación de hacer autocrítica en algunos aspectos. Aunque hemos construido un nosotras amplio, sabemos que muchas mujeres se han quedado fuera, y no solo va a ser necesario reflexionar sobre ello, sino que se hace imprescindible comprometernos a trabajar activamente para cambiarlo.

Por último, seguiremos defendiendo nuestro feminismo de los constantes intentos de apropiación por parte del capitalismo, los medios y las instituciones. Porque nuestro feminismo no es una marca de ropa ni un sinónimo de igualdad, sino una propuesta política radical; anticapitalista, antimilitarista y LGTB, que plantea un sistema educativo distinto, se opone a las fronteras y a los CIEs, aboga por la defensa de la tierra y busca situar la vida en el centro. Porque, como decían algunos carteles en las manifestaciones del 8 de marzo, “no queremos conciliar el sistema patriarcal”: no nos sirven los cambios meramente estéticos, y no vamos a conformarnos con las migajas. Las feministas llegamos con fuerza, y hemos venido a cambiarlo todo.

5 abril, 2018

Autor/Autora

Participante en el Eje estudiantil de la huelga feminista del 8M


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