Altavoz

Carbón y memoria

| 26 junio, 2018 10.06

La memoria es útil cuando se trata de dar información, especialmente útil incluso cuando se trata de recordar propuestas científicas.

Corrían los 80 cuando aún estaba estudiando y eran los años de la crisis de la lluvia ácida provocada por la central térmica de Andorra que afectó a miles de hectáreas en Teruel y Castellón.

Por más que se intentó negar la evidencia, el fenómeno era tan similar a otros sucedidos en Alemania que terminó por darse por hecha la responsabilidad de la central, aunque luego el tema fue quedando enterrado.

Aparte de los grupos ecologistas, recuerdo la frase dicha por las entonces tímidas voces y luego más determinadas, o que escuché de labios de mi profesor de química: hay que buscar alternativas al carbón.

Han pasado más de 30 años y ahora nos echamos las manos a la cabeza porque lo más lógico, más pronto que tarde, es que la térmica de Andorra termine cerrada y la industria del carbón aragonesa desmantelada.

Será un drama humano, es evidente, pero la realidad es tozuda y no es otra que el carbón desaparecerá como fuente de energía igual que desapareció arar con mulas. Sin embargo en todas esas décadas transcurridas son muchas las personas, y casi todas las autoridades públicas, que se han puestos las anteojeras y han evitado elaborar planes serios de futuro aunque fuera a medio plazo.

Ahora muchos se echan las manos a la cabeza porque la ministra del ramo ha dicho lo evidente: que la quema de carbón es cosa del pasado. No es eficiente y ya ni siquiera es barata.

También es probable que le siga la producción de energía con el resto de combustibles fósiles.

Salto para atrás de nuevo y me acuerdo cuando en la Escuela de Ingeniería, que entonces estaba en Corona de Aragón, había profesores que hablaban de las energías renovables como la solución más viable, mientras otros afirmaban que la solar o la eólica aún estaban en mantillas. Luego resultó que no lo estaban tanto.

Porque en 1986 sucedió el desastre nuclear de Chernobyl y se hicieron reales lo que hasta entonces eran cautelas en torno a la energía nuclear.

Esta catástrofe y la evidencia de que la quema de carbón era muy contaminante y en todo su proceso generaba cantidades inasumibles de residuos dieron el empujón definitivo a la eólica. 10 años después de Chernobyl y unos pocos más desde la evidencia de la lluvia ácida turolense la potencia eólica en España era de 186MW. A fecha de hoy ronda los 30.000MW.

La solar, tanto termosolar como fotovoltaica, ha evolucionado de forma más tímida, sobre todo en los últimos años con el irracional impuesto al sol del PP. Pero en una península con zonas que tienen la mayor tasa de insolación de Europa parece evidente que tiene mucho futuro.

La excusa para no instalar paneles solares era su alto precio y su corta vida. Al final esa excusa ha envejecido muy rápido, aunque el mantra parece que se ha quedado y aún lo escucho de vez en cuando, avalado por nada, claro. Además se está trabajando cada vez más en almacenamiento de energía, con lo que es cuestión de tiempo que la solar suponga un porcentaje considerable del mix energético. El caso es que, paso a paso, ya son 7000MW instalados y un buen puñado de proyectos pendientes de aprobación, o de un poco de sentido común.

También hago memoria de mis paseos por Aragón, de la defensa del carbón, realizada por un colectivo tan digno como la minería y de caras no muy amables cuando exponía mis dudas sobre el futuro del recurso. Cuando nadie tiene que votarte puedes arriesgar a decir la verdad.

Lo que parece real es que, mirando al pasado, la muerte del carbón estaba anunciada. Ahora mismo ni las propias compañías eléctricas creen en el futuro del mismo, aunque seguro que no dirían que no a alguna sustanciosa ayuda pública para que el negocio siga rodando.

Pero cuando escribo esto se están construyendo 9 parques eólicos por parte de la empresa Forestalia en tres comarcas aragonesas y hay más en proyecto.

Volviendo de nuevo atrás, hace un año escribía sobre el nulo futuro del carbón y como se estaban alimentando falsas esperanzas.

Me temo que ahora pretender seguir con este modelo energético no es alimentar fantasmas, es dar de comer a un cadáver. Alguien tendrá que decirlo.

26 junio, 2018

Autor/Autora

J.M. Marshal. Miembro del programa El Acratador (Radio Topo). http://elacratador.noblezabaturra.org/. Colaborador de AraInfo.


Flickr
Twitter
Facebook

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR