Movimientos

Breve historia del 15M

Frente Cívico-Somos Mayoría convoca para este 15 de mayo manifestaciones en multitud de ciudades. En Zaragoza, este movimiento que quiere recuperar el espíritu de las ocupaciones de plazas de 2011, se concentrará enfrente de la Subdelegación del gobierno a las 20.00 horas. ¿Tiene sentido recuperar aquella lucha en los tiempos actuales? En este artículo repasamos los 6 años desde la primavera ciudadana hasta nuestros días.
| 15 mayo, 2017 07.05
Breve historia del 15M
Primer aniversario del 15M en Zaragoza.

Un 15M, 6 años después del 15M

Este 15 de mayo se cumplen 6 años del 15 de mayo, del 15M. Desde Frente Cívico-Somos Mayoría (FCSM) se han convocado manifestaciones para ese día, delante de todas las subdelegaciones de gobierno español, y enfrente del Congreso de los Diputados en Madrid. En Zaragoza, la concentración tendrá lugar a las 20.00 horas en la Plaza del Pilar.

Frente Cívico lleva preparando esta manifestación desde el pasado mes de enero, y con ella quiere recuperar el espíritu ciudadano del 15M. Detrás de este movimiento civil, que se quiere transversal y por encima de ideologías, están viejos conocidos de la política como Julio Anguita. El ex líder de Izquierda Unida afirmaba el pasado mes de abril en la presentación pública de la acción programada para este lunes, que las movilizaciones pretenden denunciar la corrupción que salpica a los grandes partidos del arco parlamentario español y que afecta a la justicia española. No en balde las manifestaciones se celebrarán bajo el lema “Todos contra la corrupción”.

La organización convocante se define a sí misma como un proyecto “colectivo, abierto a todos los ciudadanos que de forma individual deseen organizarse, sin tener en cuenta su adscripción política, sindical, religiosa o de otra índole (…) que plantea alternativas, a la nefasta y dura política, social, económica y moral a la que nos está llevando nuestros gobernantes”.

Ante este nuevo 15M surgen las preguntas: ¿Es posible un movimiento popular no adscrito a ninguna organización política como sucedió en 2011? ¿Es necesario? ¿Conseguirá el FCSM reactivar el germen que hizo dinamitar los fundamentos del régimen del 78? Quizás echando un vistazo a lo que fue y ha sido el 15M, podemos hacernos una idea mejor del camino que la opción del cambio debe tomar en nuestros días.

De las plazas a la sociedad

En el calendario imaginario de las luchas populares, el 15M empieza a ser una fecha importante. Quizás algún día tendrá la notoriedad del 1 de mayo, el 14 de abril, el 14 de julio francés o el 19 de julio (para que no se confunda, la fecha se refiera a la rendición del general Goded en la batalla de Barcelona de 1936). Tal vez no consiga equipararse a esos hitos, sea como sea, pese a su corta edad, el 15 de mayo representa en la historia reciente del Estado español, un antes y un después.

En 2011 nada hacía suponer que numerosas plazas de multitud de ciudades quedarían abarrotadas de los que luego fueron bautizados como “indignados”. Nada lo indicaba o todo lo dejaba entrever, pues esa revuelta había sido precedida por numerosos toques de atención que los gobiernos españoles habían ignorado. La huelga general de 2010, el movimiento V de Vivienda y la PAH, la lucha contra la ley Sinde o las revueltas estudiantiles contra el plan Bolonia en el plano doméstico. En el ámbito internacional: la revuelta en Grecia de 2008, las primaveras árabes o la insurrección democrática en Islandia.

A este trasfondo de malestar cabría añadir dos elementos más que estaban en el ADN del nacimiento del 15M y que con frecuencia se olvidan. Por un lado, el movimiento antiglobalización, duramente golpeado en la cumbre del G8 en Génova de 2001, dotó al 15M de un espíritu iconoclasta y alejado de los partidos políticos, y extendió su lucha más allá de los ámbitos exclusivamente político-institucionales. Por otro lado, las movilizaciones en contra de la Guerra de Irak de 2003, además de masivas, fueron manifestaciones transversales como el 15M lo sería.

Y con todo esto, llegó la revuelta: una expresión de rebeldía a manos de la sociedad civil, no encauzada dentro de los viejos sistemas de protesta políticos o sindicales.

La plataforma nacida escasos meses antes, Democracia Real Ya, convocó concentraciones para el 15 de mayo que fueron seguidas en más de 50 ciudades de los distintos territorios del Estado español. La más destacada fue la de la Puerta del Sol de Madrid que acabaría de madrugada, con la detención de 19 personas.

El día siguiente, miles de personas se reunieron en las plazas. Se acordó continuar con la protesta hasta las elecciones municipales del 22 de ese mes. El Partido Popular resultó vencedor en los comicios, del mismo modo en que lo haría en las elecciones generales de octubre del mismo año; esa vez con una aplastante mayoría absoluta. Con todo, el germen de un nuevo modo de estar y ser en la política ya había arraigado entre la ciudadanía. Nacieron las mareas, las asambleas de barrio, se convocaron numerosas manifestaciones durante los siguientes años, se extendió el movimiento a otros países, se rodeo el Congreso, se llevaron a cabo marchas por la dignidad, y lo que es más importante, una generación entera espolada del sistema laboral y político alzó la voz para decir basta.

De las plazas, el movimiento del 15M permeabilizó gran parte de la sociedad que se había mantenido silenciada durante la crisis. Fue además un tiempo de empoderamiento ciudadano que obligó a las clases políticas a replantearse los niveles de impunidad y corrupción con los que actuaban.

El fenómeno Podemos

El 25 de mayo de 2014, contra todo pronóstico, Podemos consiguió cinco eurodiputados y más de 1,2 millones de votos en las elecciones europeas. La formación morada, encabezada por Pablo Iglesias, había nacido en enero de ese mismo año a la manera soviética: de la mano de un grupo de profesores universitarios que ejercieron el papel de vanguardia política. La historia del 15M cambió de forma radical entonces.

El 24 de mayo del siguiente año, en las elecciones municipales, se producía un triunfo todavía más notable que el cosechado en las elecciones europeas: las grandes ciudades de Estado español pasaban a estar gobernadas por coaliciones ciudadanas que incluían a Podemos. Movimientos de base popular que pretendían cambiar el poder desde el poder.

Llegaba el momento decisivo (se decía desde Podemos): en el llamado asalto a las instituciones o en la también acuñada expresión, maquinaria de guerra electoral, Podemos inició una veloz carrera hacia las elecciones del 20 de diciembre de 2015. El desgaste mediático y el duro ataque desde los medios de comunicación propiedad de empresas indexadas en el IBEX35, rebajaron la primeras expectativas electorales del partido, que en enero de ese mismo años se situaba como segunda fuerza en intención de voto por detrás del Partido Popular.

No es el único motivo que explica el desinflamiento de Podemos. Las alcaldías del cambio chocaron de frente con el inmovilismo de las instituciones gubernamentales. No era lo mismo ganar elecciones que gobernar ayuntamientos. “Cuando llegan al poder, son todos iguales” era una expresión de bar recurrente en esos compases de la política española. Pese a esto, los resultados en las elecciones de diciembre de 2015 dieron al partido unos nada desdeñables 69 escaños en el Congreso para ser una fuerza que nunca había participado en unas elecciones generales hasta la fecha.

La desaceleración de Podemos

Quien lee esto ya sabe cómo termina esta historia. El 26 de junio de 2016, en la reedición de las elecciones, tras el intento de investidura fallida de Pedro Sánchez y la unión entre Podemos y Izquierda Unida, la coalición de izquierdas perdió más de 1 millón de votos. Mucho se ha teorizado sobre ese duro revés y lo que ha significado Podemos después de más de dos años de vida.

Desde algunos sectores de la izquierda se ha acusado al partido político de despolitizar la calle. Anarquistas como Carlos Taibo consideran que Podemos ha convertido las asambleas de barrio en círculos más bien tibios y sin incidencia en la transformación social. La activista Simona Levi, en una carta dirigida a la Nuit Debout (el símil de los indignados e indignadas en Francia durante el mayo de 2016), alertaba sobre los problemas de confiar solo en la carta institucional y de la decepción que eso producía a largo plazo. En honor a la verdad, también fue ella quien dijo que contra Podemos se vive mejor. Feministas como Brigitte Vasallo achacaban la caída de Unidos Podemos en los resultados electorales de 2016 a la pérdida de radicalidad del discurso del partido morado. Los independentistas catalanes y vascos de izquierdas han acusado en reiteradas ocasiones a la formación de ralentizar los anhelos de autodeterminación de ambas naciones.

A todo esto hay que sumarle las tensiones internas que ha vivido en 2017 la que se quería expresión política del 15M. En Vistalegre II se visualizaron las distintas corrientes ideológicas del partido y, lo que es más notable, se volvió a hablar de la calle. ¿Primero el poder de base y luego las instituciones o las instituciones y la calle a la par? Parece que ganó el primer modelo.

El 15M hoy

Mayo de 2017: Si hablamos de corrupción, podríamos pensar que actualmente la política y la justicia están más podridas que nunca. La Operación Lezo es la última manzana en mal estado de un cesto que parece todavía hoy lleno de frutas. Sin embargo, debemos cuestionarnos si hubiese sido posible sin el 15M y Podemos que la corrupción saliera a la superficie, fuera más visibles.

Ambas expresiones políticas que a veces se parecen tanto y a veces están tan alejadas, también han hecho posible que en el debate mayoritario irrumpan ideas y conceptos que hasta el momento eran marginales: feminismos, puertas giratorias, renta básica universal o empresas cooperativas son tan solo algunos ejemplos de ello.

Es solo el principio de un cambio cuyo camino se vislumbra largo. Frente Cívico-Somos Mayoría y las movilizaciones programadas para este 15 de mayo son un ejemplo más de que las conquistas que el 15M contribuyó a alcanzar deben ser entendidas como la base sobre la que construir una democracia mejor. Como diría el escritor de Sant Adrià de Besos, Javier Pérez Andújar, la democracia se conquista calle por calle, árbol por árbol, de forma permanente.

15 mayo, 2017

Autor/Autora

Periodista y escritor. Colaborador de AraInfo. @AlbertAlexan


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