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Urnas y calle: La izquierda aragonesa debate sobre las salidas a la crisis y las opciones electorales

Enviado por el 16 noviembre, 2013
Foto: S.T.B.

De izquierda a derecha, Esther Moreno (Ateneo), Joseba Eceolaza (Batzarre), Isabel Vallet (CUP-AE) y Miguel Urbán (ADA). Foto: S.T.B. (AraInfo)

“El capitalismo ha fracasado para un 90% de la gente. Necesitamos un cambio global del sistema, una revolución que aún está lejos”. Así comenzó la intervención José Vitoria, activista del 15M y de Jubilados Indignados, en la jornada de debate sobre lo electoral como una herramienta más de cambio de los movimientos sociales.

En el actual contexto de crisis, “el reto que tenemos es recuperar la palabra democracia”, expresó Miguel Urbán, de Alternativas desde abajo en Madrid, que afirmaba que “en la crisis se han quitado la careta. Hay una crisis política y nosotros tenemos una oportunidad”. Isabel Vallet, parlamentaria por la Candidatura de Unidad Popular (CUP-AE) en los Països Catalans, señaló que “esta crisis es una guerra abierta de clases. Y toda política que no hagamos nosotros, la harán ellos contra nosotros”.

El colectivo aragonés Ateneo organizó este acto de debate en el que planteó preguntas como “¿Es posible traducir las demandas de los movimientos sociales en alternativas políticas? ¿Pueden articularse y complementarse ambos campos? ¿Sobre qué presupuestos, qué programas, que formas organizativas?”.

A la hora de analizar las instituciones, las intervenciones fueron diversas y con distintos matices. Para Urbán “las instituciones son como los zombies. Están muertos, pero siguen andando. Si pactas con los zombies, te conviertes en uno de ellos”. Christian Martín, de Marea Verde y militante de Izquierda Unida, enfatizó en que “la institución está más viva que nunca y se está dedicando a perpetuar este sistema”. Marta de Santos, alcaldesa de Morillo de Galligo por Chunta Aragonesista, informó que “la institución me permite teléfono directo con muchas administraciones. La lucha sigue en la calle, pero usamos la institución”. En esa línea, Joseba Eceolaza, exparlamantario por Batzarre-Izquierda de Navarra, reivindicó “más autoestima de los cambios sociales que han ratificado las instituciones. Y no desmotivarnos”, transmitiendo la idea de que “mientras llega esa idea de la revolución, podemos ir haciendo cosas y ser útiles a la gente”.

Vallet discrepó, planteando la lucha institucional “en clave de ruptura. No hay reforma posible”. Y añadió que “las instituciones están vacías de soberanía”. “La institución es una marioneta, está intervenida por la deuda y (en el caso catalán), por el estado español. La institución no está viva, son tecnócratas y no responde a ideologías ni programas (que incumplen) sino al mercado”. Guillermo Valenzuela, de Azofra y la Fundación de los Comunes, coincidió en el “bloqueo institucional que impide cualquier tipo de reforma”. “Los mecanismos para decidir en este sistema existen, pero no hay voluntad política”, señaló Vallet.

Echando la vista atrás, Miguel Urbán propuso “transformar la cultura política de la izquierda”, ya que “o no ha habido o ha sido muy similar a la cultura de la derecha”. Distintas intervenciones criticaron la política realizada desde los partidos de izquierdas institucionalizados. Vallet apuntó a las deudas de los partidos con los bancos. “Si quieres hacer un discurso distinto del de las empresas políticas, los partidos, hay que demostrarlo. Los partidos están altamente endeudados: CIU, ERC, IU… La izquierda institucional tiene deudas con los bancos, al igual que la derecha”.

También se escucharon palabras a favor de los partidos tradicionales de izquierda. De Santos incidió en que “no hace falta que cambiemos tanto los partidos, ya tienen foros participativos, pero muy minoritarios. Podríamos usar más estos cauces”. Joseba invitó a los partidos a “renovar nuestra mirada a la gente, a la calle”.

El movimiento 15M estuvo presente en el debate y se citó desde diversas perspectivas. Mariano Alfonso, de Stop Desahucios e Izquierda Anticapitalista, destacó que “cuando comenzó la crisis había algunas manifestaciones, pero el 15M fue una ruptura en el tiempo, en la agenda tal y como tenía definida el poder”. Urbán lo definió como “una impugnación intuitiva del Régimen y de la cultura de la transición”, añadiendo que “el 15M mostró que la izquierda andaba muy desnuda de ideas y de procesos”. Vallet dijo que “el 15M no fue el inicio”, haciendo referencia a procesos políticos articulados décadas antes, como las CUPA en 1979 (primer proceso municipalista de ruptura). Eceolaza criticó algunos “mitos construidos desde la izquierda”, como el “asamblearismo en el 15M”, señalando sus límites.

En lo que sí parecieron coincidir todas las intervenciones fue en que la confluencia en frentes populares y espacios de unión se articulan desde la calle, en los movimientos sociales. Elsa Navarra, del Centro Social Comunitario Luis Buñuel, expresó que “necesitamos generar espacios de experiencias colectivas, crear procesos sociales y tejer redes”, como vía hacia la “repolitización y empoderamiento de la ciudadanía”. O, como dijo Urbán, “reconstruir ese tejido social, que construya sujeto que haga pueblo”. Para lograr esa unión popular, De Santos demandó “mucho más trabajo de generosidad y cooperación” y Navarra señaló como problemas “el miedo y el individualismo”.

A la hora de establecer alianzas y plantear una estrategia común, Zésar Corella, de Puyalón de Cuchas, propuso formar “frentes anticapitalistas y espacios de debate en Aragón y en los países del sur de Europa”, ya que “los trabajadores y trabajadoras, con empleo o sin él, padecemos una situación de emergencia. Las clases populares sufrimos un proceso de desposesión y elevada cotas de explotación. Debemos enfrentarnos a la ofensiva neoliberal mediante acuerdos sectoriales entre la izquierda social, sindical y política, desde una posición de desobediencia”. Corella planteó una unión “supeditada a una estrategia que parta de una discusión en torno a un programa sencillo”. Puyalón plantea varios puntos de partida como “no pagar la deuda, salir de la UE y sus estructuras neoliberales (incluido el euro), un programa de emergencia social” y poner en cuestión la banca y las multinacionales. Alfonso también incidió en que “es el momento de la estrategia”. Vallet contó las campañas que están articulando desde la CUP para “una auditoría de la deuda”, paralizar recortes, “convocar un referéndum sobre el independentismo, ganarlo y comenzar un proceso constituyente” o alternativas al sistema de salud.

Varias personas expresaron la necesidad de procesos constituyentes. Valenzuela propuso “elaborar una nueva constitución de derechos. Pero no para las élites, sino a partir del conflicto”. También Urbán enfatizó la necesidad del fortalecimiento del poder popular y la articulación de “procesos constituyentes en el estado español”. Para Miguel Urbán, “el programa de emergencia social lo conocemos, porque es el que reivindicamos y practicamos los movimientos sociales”. Navarra coincidió en que “los saberes están en los movimientos sociales” y “nos falta capacidad para extender y visibilizar las ideas”.

Ante esta “situación de emergencia histórica”, como expresó Martín, “las urnas pueden ayudar, facilitar procesos de autoorganización que se están dando en la calle”, como dijo Urbán. En ese sentido, Vitoria planteó que “el proceso electoral solo sirve si ayuda a ese proceso revolucionario” y se usa como “caja de resonancia para las luchas sociales y reivindicaciones ciudadanas”.

Sobre cómo y con quién juntarse, se plantearon algunas características hacia frentes comunes electorales. Urbán insistió en que “la unidad se debe fraguar en la calle. Es un proceso lento”, advirtiendo que “los atajos son peligrosos en política. 2 + 2 no siempre es 4”. Vallet expresó que “unidad sí, siempre que no suponga una rebaja de posiciones (como pasó en la deriva de la transición)”. La CUP, por ejemplo, tiene claro que “el memorial de agravios con IU impide la confluencia en espacios más grandes”. Eso sí, en la calle nos encontramos, no en los despachos”, concluyó. También Vitoria criticó a una IU “excesivamente encasillada en gestionar mejor el capitalismo, anteponer intereses electorales y de partido, convertirse en profesionales de la política, o pretender un protagonismo en los movimientos sociales”. Valenzuela recordó que “el 15M elaboró una crítica muy fuerte a la representación política”, por lo que si se plantea una fuerza electoral debería ser “un antipartido sin aparato burocrático”, pensado “no para gobernar, sino hacia el proceso constituyente. Sin voluntad representativa”.

Para conseguir “la máxima unidad”, como dijo José Vitoria, se plantearon distintas propuestas. Miguel Urbán señaló que “la política no es una profesión” y es esencial “la rotatividad y respetar los procesos asamblearios”, así como “liderazgos colectivos y siglas que muten. No al fetichismo de las palabras”. Martín propuso una “acción conjunta sin encabezamientos”. “Un asalto de las masas a la política” deseó Urbán. Para lograrlo, Eceolaza sugirió que “no podemos tener desconsideración hacia las mayorías sociales, ni tratar de tonta a la gente. Tenemos que persuadirles sin arrogancia intelectual, sin hacer trincheras entre ellos y nosotros”. Desde el público también se planteó el reto de “¿cómo arrastrar a la mayoría social, cómo ilusionar?” para lo cual se dijo que “hace falta educación, explicar y hablar de lo que está pasando”.

Varias intervenciones señalaron que “ninguna organización política por si sola puede enfrentar esta situación”, como expresó Urbán. “Sabemos contra quién nos enfrentamos: contra unas instituciones que van contra la gente”, dijo Vallet. Christian Martín predijo que “el futuro puede ser peor. Puede volver a ganar el PP”. “Una derecha incivilizada”, como la llamó Urbán.

El acto sirvió para compartir distintos puntos de vista y cuestionar la utilidad de la lucha institucional para los movimientos sociales. Joseba Eceolaza expuso las razones que Batzarre tiene claras para participar en política institucional: “mejorar las políticas sociales, corregir las desigualdades, mejorar la democracia”. Isabel Vallet contó que la experiencia de la CUP en las instituciones ha servido para sacar información que ha permitido “sentar en el banquillo de los acusados a Narcís Serra, a la cúpula sanitaria de Reus, denunciar las corruptelas de Capio” o “trasmitir la necesidad de movilización constante”. “Es una lucha complementaria”, afirmó Vallet. La actividad institucional es concebida por Puyalón de Cuchas como “una herramienta más que debe contribuir a la consecución de los objetivos estratégicos de los movimientos populares y que en cualquier caso, quedaría supedita al cumplimiento del programa político acordado por ese Frente Anticapitalista”, aseveró Corella.

Una de las principales preguntas de los movimientos de izquierdas ante la vía electoral es el “¿cómo nos convertimos en un caballo de Troya y que las instituciones no coopten los procesos de lucha?”, como expresó Miguel Urbán. Elsa Navarra propuso “forzar a las instituciones a posicionarse y desde ahí articular la relación con las mismas”.

Más allá de la vía electoral, no faltaron los ejemplos de movimientos sociales que siguen logrando pequeñas victorias fruto de sus luchas, como “la prohibición de las balas de goma o restablecer la paga extra de los autobuseros de Barcelona tras 28 días de huelga”, como destacó Isabel Vallet en el Principat.

Estas reflexiones fueron compartidas el viernes 15 de noviembre de 2013 en la mesa redonda “Urnas y calle” celebrada en el Centro de Historias de Zaragoza y organizada por Ateneo, que presentó una nueva Iniciativa Legislativa Popular contra la privatización de los servicios públicos.

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