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Rodrigo Lanza, ahora sí, libre ya

Enviado por el 30 diciembre, 2012
Rodrigo Lanza

Rodrigo Lanza. Foto: AraInfo

Una llamada a las 9.30 horas de la mañana de ayer sábado 29 de diciembre de 2012 se quedará grabada para siempre en mi cabeza, era Rodrigo Lanza, diciéndome con su habitual humor ya estoy fuera“. Por fín se ha puesto punto y final a siete años de angustias, siete años de entrar y salir de prisión, siete años de pesadilla. En el camino se han quedado muchos recuerdos imborrables, momentos durísimos, de tristeza, imposible olvidar la muerte de Patricia. Pero también momentos de alegría, momentos que nos han hecho crecer como personas a pesar de todo, la valentía de Rodri y la fuerza de Mariana, su madre, es algo que nos ha marcado a muchas y muchos de nosotros.

Hoy Rodrigo Lanza vuelve a estar con nosotros y nosotras, como el mismo dice “Esto no es un final, es un comienzo”. Para celebrar este día le pedí a Rodri que escribiera algo para AraInfo, aún sabiendo que en estos momentos resulta complicadísimo expresar lo que lleva dentro, Rodri ha hecho el esfuerzo por tratar de transmitirnos lo que siente, esta es su carta.

Barcelona, 28 de diciembre de 2012.- Me levanto con el sonido de un despertador que apago al instante. 6.30 de la mañana y siento que no he dormido nada, pero salgo despedido de la cama como un rayo, me visto con toda la rapidez que hace alguien saliendo de la cama a esa hora en invierno y me dispongo a recoger mis cosas a toda prisa, meto en mi mochila la almohada que me ha acompañado estos últimos 3 años y a la que tristemente me he acostumbrado más de lo que quisiera y le echo una última mirada a la habitación donde me encuentro. Soy el último en salir, mejor así, no me gustan las despedidas. Las literas no me dicen nada y mirando hacia ningún punto en concreto lo único que espero es que nunca vuelva a verme otra vez en una situación como esa, nunca más dormir en una celda.

6.40 y me abren la puerta de la celda. El carcelero me pilla cagando y le grito “¡Salgo ya!”, seguro que a él no le ha hecho gracia, aunque a mí me gusta la ironía de la situación, aparte que así me ahorro el verle la cara mientras va a abrir otras celdas de gente en 3º grado que sale a la misma hora que yo. Salgo del baño y otra mirada furtiva a la que fue mi habitación en la cárcel, un “hasta nunca” entre los dientes y me voy levantando el dedo. “Esto no es un final, es un comienzo” me digo para mis adentros.

Me dirijo hacia la garita de carceleros y firmo mi salida del día, como he hecho los últimos 400 días o más, cruzo una puerta de cristal blindado, luego otra, luego una puerta de barrotes y un portón de metal, luego otro… ya estoy fuera.

Hay tanto y tan poco que decir sobre un día cómo este que tampoco es fácil sentarse a escribir algo, supongo que si pudiera estar en silencio lo estaría, o mejor dicho, si pudieras estar ahora conmigo haciéndome compañía no haría falta hablar ni escribir y podríamos compartir uno de esos momentos cómodos al que tanto valor les daban en Pulp Fiction, levantar una cerveza y brindar, cómo lo hago desde que entré en la cárcel, por las y los que no pueden brindar en ese momento.

Han sido mis últimos 7 años de vida los que he pasado de un modo u otro bajo el jugo de la cárcel, 4 de ellos en segundo grado, y si dijera que eso no me ha marcado o que no tengo nada que comentar al respecto claramente estaría mintiendo. ¿Pero qué se puede decir? Aún no me creo que haya acabado, eso sería una verdad. Otra sería que no me creo nada hasta que firme mañana mi definitiva, me devuelvan mis pasaportes y tenga en mis manos el papel de la excarcelación… Otra verdad sería que hemos aprendido, yo y quienes me rodean, de esta injusticia. Hemos aprendido a valorarnos y a reconocer a las y los amigos, a los y las compañeras, a la familia. A que tener paciencia no es quedarse de brazos cruzado ni que ser débil es equivocarse, caerse o llorar. Hemos aprendido a odiar y hacer algo con ese odio, a empaparnos de lo ajeno y hacer del sufrimiento de otros el nuestro, de la lucha ajena la propia y a alzar la voz cuando lo único que quieren es tenernos en silencio. Hemos aprendido a ser humildes, a mirar a la cara al enemigo y a no demostrar miedo… Tampoco digo que sin la cárcel no hubiera-mos aprendido nada de esto, pero hace tiempo que ya he dejado de torturarme preguntándome “que hubiera sido si…”, siempre he pensado que no vale la pena perderse en esas cosas ni quejarse con lo que nos toca vivir, sólo nos queda seguir con el camino que creemos el correcto y afrontarlo como mejor podamos, pues solo lo recorreremos una vez y nada más.

Creo que me han preguntado más de 10 veces hoy que cómo estoy, cómo lo llevo, cómo me siento… y a cada pregunta más complicado se me hace encontrar respuesta o saber qué decir al respecto. No se pueden resumir en una frase o en una sola sensación lo que es quitarse este peso de encima, porque realmente no es así, claramente hoy soy más libre que ayer y mañana espero serlo un poco más, pero estoy seguro y soy consciente de que el peso de estos años lo seguiré llevando mucho tiempo y que la Libertad no es algo que simplemente se reduce a la cárcel.

Mi odisea se acaba, claramente estoy contento por ello, pero nunca dejo de pensar en toda las personas que dejo atrás, toda las personas que entrarán en ese circo patético al que hoy llaman justicia y se verán en una situación similar o peor a la mía. Ellos han sido mi familia y compañeros en momentos importantes de mi vida y eso no lo olvidaré nunca, el cómo puedes encontrar la mayor nobleza entre las gente que “en teoría” son la escoria de la sociedad… Supongo que eso define bastante el mundo en el que vivimos. ¡¡¡Salud familia, a seguir luchando juntxs!!!

Rodrigo Lanza | Para AraInfo

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